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A causa de la disputa por sus emblemáticas siglas, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) arriba hoy sin pena ni gloria al 74 aniversario de su fundación. La fecha apenas ha sido evocada, con pesar, por algún dirigente que sufre el divorcio de ese partido de  su esencia democrática y tradición histórica.

El actual PRD parece más bien una caricatura de un partido que puede vanagloriarse de sus aportes al actual clima de libertades y de las reformas políticas.

Pero esa historia, que convierte al PRD en referente, ha sido pisoteada por unos dirigentes que desprecian la democracia y ven los partidos políticos como maquinarias electorales. Se trata ni más ni menos del carácter de la crisis que en este aniversario relega a las antípodas el pensamiento y el sacrificio de su legendario líder, el doctor José Francisco Peña Gómez, y de otras figuras que han caído en la lucha.

En este PRD de hoy lo personal parece primar sobre lo ideológico y racional, donde pesa más el poder que la democracia. Mientras la militancia observa una lealtad indeclinable, dirigentes han utilizado las siglas del partido para escalar o cotizarse en el mercado de compra y venta de conciencias. Este nuevo aniversario del PRD debería servir al menos para reflexionar sobre la suerte de ese partido.

El Nacional

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