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La pobreza en que subsisten cientos de miles de familias empuja también a desgracias tan conmovedoras como la muerte calcinados de tres hermanitos durante el incendio de la vivienda en que residían en el sector Villa Marina, de Villa Mella. Si el siniestro fue provocado por una vela encendida se debe a que la vivienda no contaba con energía eléctrica o a que había un apagón. Amén, por supuesto, de que estaba construida de materiales de fácil combustión. La tragedia, por más conmovedora que sea, no es sólo para lamentarse, sino para reflexionar sobre las precarias condiciones en que viven cientos de miles de familias. Los cuerpecitos de los niños de seis y tres años y de tres meses de nacidos fueron encontrados completamente calcinados por las llamas. Los vecinos ni los bomberos tuvieron tiempo de intervenir para evitar la desgracia que ha consternado tanto a los residentes en Villa Mella como a toda la población. No es la primera desgracia provocada por velas encendidas. Más que auxiliar a los deudos deben evitarse las tragedias que siembran el luto y el llanto en las familias, a través de programas eficaces contra la pobreza o mediante jornadas de orientación. Nada compensa el dolor que causa la pérdida de tres hijos en tales circunstancias.

 

 

 Proyecto conflictivo

 

El ministro de Economía, Temístocles Montás, ha alertado al Congreso contra un proyecto del Poder Ejecutivo que según él viola la ley que creó el organismo que dirige. La advertencia puede ser muy válida, pero deja mucho que desear que  Montás no fuera tomado en cuenta sobre una pieza relacionada con el Ministerio de Economía. No puede obviarse que se trata de la institución que tanto en la práctica como en teoría coordina la política económica del Gobierno. De no ser que no se percatara de la observación, la advertencia del ministro de Economía no representa una buena señal. Según Montás, el proyecto del Ejecutivo no toma en cuenta, entre otros asuntos, la cooperación internacional y sus prioridades, así como los sistemas de planificación y gestión de las finanzas públicas. Esas funciones estarían a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Por más sumiso que sea del Ejecutivo, el Congreso tendrá que sopesar las observaciones del ministro de Economía.

El Nacional

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