Que los grandes cargamentos de cocaína incautados en el país no hayan penetrado por el aire no es lo que está en discusión ni lo que interesa. El problema está en lo vulnerable que resulta el territorio al tráfico de la sustancia alucinógena, como ha vuelto a evidenciarse con la confiscación de un alijo de 807 kilos de cocaína. Con los golpes al narcotráfico y la presencia de agentes del Departamento Antidrogas de Estados Unidos (DEA) es para que esa operación se haya reducido a su mínima expresión. Pero los narcotraficantes ni se inmutan e incluso han llegado al colmo de utilizar las mismas vías, aunque con diferentes matices, para introducir y transportar la mercancía. El alijo de 807 kilos, uno de los más cuantiosos de los últimos tiempos, decomisado en el puerto multimodal Caucedo, estaba camuflado en pacas de tabaco dentro de una embarcación que partiría con destino a España. La gente presume que por cada cargamento que incautan las autoridades otros logran burlar los dispositivos de seguridad. A veces las autoridades parecen contentarse con aclaraciones de que la droga no es introducida por vía aérea, como si fuera lo determinante. Las confiscaciones hablan de la magnitud y el desafío del narcotráfico.
El crimen en la UASD
El caso del haitiano perseguido y abatido en el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) contiene muchas aristas que lo tornan engorroso. Lo primero es lo inconcebible que resulta que una persona pueda ser ejecutada de manera tan impune en presencia de otras y en un lugar como la UASD. Es obvio que Joel Gerffrand, de 48 años de edad, estaba condenado a muerte. Pero lo chocante en el caso es la forma en que se ha cometido el crimen, como si los victimarios fueran pistoleros internacionales que actuaban por encargo. Se estableció que el haitiano tenía apenas dos días que había ingresado a República Dominicana. Parece que por la complejidad la Policía ha buscado cooperación en las autoridades haitianas para establecer responsabilidades. Pero un caso que envía un mensaje tan perturbador no puede quedar sin ser debidamente aclarado. Será cierto que la seguridad es muy precaria, pero casos tan insólitos llaman mucho la atención.

