POR: Orión Mejía
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Imagínense
No hay forma ni manera de poder sostener el ensamblaje de una democracia política al estilo occidental sin el concurso de los partidos políticos, cuya funcionabilidad es imprescindible para garantizar sanidad a ese sistema jurídico político que a su vez es garante de la gobernabilidad, interacción y convivencia social.
La anatomía social de una nación convulsiona generalmente a causa de una enfermedad de naturaleza económica que siempre es atribuible a negligencia o inobservancia de la clase política, aunque el vector de contagio se localice en los sectores financiero, manufacturero, servicio o por un factor externo, como ha sido la crisis que afloró en Estados Unidos en 2008.
El antídoto más efectivo para que una eventual crisis económica no genere en crisis política ni crisis social ha sido siempre la fortaleza del sistema partidario y como ejemplo se menciona la crisis post electoral de 1994, que no degeneró en hecatombe política por la fortaleza e influencia de los partidos Revolucionario Dominicano (PRD), Reformista Social cristiano (PRSC) y de la Liberación (PLD).
Esas tres instituciones partidarias pactaron una salida pacífica e institucional a la crisis política que evitó que degenerara en crisis social con matices de guerra civil. Si ese escenario de confrontación se produjese hoy, los riesgos de convulsión serían mayores, dado la insuficiencia renal que padecen el PRD y el PRSC.
Los espacios democráticos tardan decenios en consolidarse, con el continuo aporte de sangre, sudor y lágrimas de varias generaciones, pero puede derrumbarse en un santiamén, por factores combinados que van desde excesivas ambiciones del liderazgo político o empresarial, hasta crónica debilidad de los partidos políticos.
Gobierno, clase política empresariado, sector académico y sociedad civil deberían reflejarse en los espejos de Venezuela y Ucrania, dos naciones hoy convulsionadas una crisis política que agravan la crisis económica y amenazan con derrumbar el endeble armazón institucional. Esas fatídicas experiencias las padecieron antes El Salvador, Nicaragua, Brasil, Argentina, Chile, Honduras, Colombia, Ecuador, Haití, todas las cuales tuvieron como antecedentes el desplome de sus instituciones partidarias.
Todo lo ante dicho procura llamar la atención a líderes y dirigentes que en el PLD pretenden reeditar el juego de la ruleta rusa de la división, peligroso pasatiempo que provoco que el PRD estallara en múltiples. Hay que recordar que el partido morado, por el momento sostiene todo el peso del edificio de la democracia política. Imagínense lo que aquí ocurriría si el PLD se derrumba como el PRD.

