¿Qué Pasa?

Ramón Orlando analiza relación entre música popular y fe

Ramón Orlando analiza relación entre música popular y fe

En el ambiente del entretenimiento siempre se habla de las múltiples tentaciones que rodean a los artistas, especialmente cuando el éxito llega con rapidez y la exposición pública aumenta.

En conversación con Qué Pasa!, Ramón Orlando Valoy explica que el manejo de esa realidad requiere disciplina espiritual y personal, porque la fama, el dinero y el reconocimiento pueden desviar fácilmente el enfoque de cualquier persona, si no mantiene una base sólida de valores.

Para ilustrarlo, compara la vida espiritual con el entrenamiento de un atleta de lucha libre o wrestling. Mientras el deportista está en constante ejercicio se mantiene en forma, fuerte y preparado, pero cuando abandona la práctica diaria su condición física comienza a deteriorarse.

De la misma manera, sostiene que la vida espiritual necesita constancia, porque “si la persona deja de alimentarse espiritualmente, pierde fortaleza frente a las tentaciones que aparecen en el camino artístico y profesional”.

El músico y pastor afirma que su fórmula ha sido sencilla pero firme: leer la Biblia todos los días, participar activamente en las reuniones de la iglesia y mantener clara su identidad de fe en cualquier escenario donde se encuentre.

“No se trata únicamente de predicar desde un púlpito, sino de que la gente conozca quién es uno y cuáles principios guían su vida, incluso en los momentos de mayor éxito profesional”.

Recuerda que durante los años en que su orquesta estaba internacionalmente en su punto más alto, viajando y presentándose en distintas ciudades, siempre procuró mantener esa disciplina espiritual, convencido de que la verdadera estabilidad no depende de la popularidad del momento, sino de la consistencia con la que la persona cuida su vida interior.

En este encuentro con Valoy, el intérprete de No hay nadie más, analiza el impacto de la cantante cristiana Martha Candela y el eterno debate entre la música popular y la música cristiana.

Maestro, usted tiene una dualidad muy particular: músico popular y pastor evangélico. Analíceme el fenómeno de Martha Candela.

Lo que pasa es que Martha tiene una gracia especial del Señor. Cuando una persona conecta con la gente desde la espiritualidad, pero además lo hace con una identidad musical fuerte, ocurre algo diferente. No es solamente una cantante, es un canal que comunica emoción, fe y energía musical, y eso la gente lo percibe.

Desde el punto de vista pastoral, siempre se ha discutido el tema de la música popular dentro de la iglesia. ¿Cómo lo ve usted?

Ese es un tema interesante. Dios nos dio identidad cultural, y en nuestro caso esa identidad está marcada por el merengue y la bachata. Sin embargo, históricamente algunos sectores evangélicos han visto ciertos ritmos como incompatibles con la adoración. Por ejemplo, si un artista de bachata se convierte al evangelio, muchos pensarían que no podría cantar ese ritmo dentro de la iglesia, porque algunos lo consideran música no apropiada espiritualmente.

Pero existen iglesias que sí utilizan merengue cristiano.

Claro, porque dentro del mundo evangélico no hay una sola visión. Hay congregaciones que entienden que el problema no es el ritmo, sino el mensaje y la intención. Si el contenido es de adoración genuina, el merengue puede convertirse en una poderosa herramienta espiritual. Cuando se toca un merengue con unción, con un mensaje de fe verdadero, la reacción de la congregación es impresionante.

Sin embargo, otros sectores siguen rechazando esos ritmos.

Exactamente. Hay ministerios que prefieren mantener estilos musicales más tradicionales y consideran que el merengue o ciertos ritmos populares no son adecuados para el culto. Es un debate que existe desde hace décadas y que todavía continúa.

En ese contexto, aparece Martha Candela con una propuesta muy particular.

Ahí está el punto. Martha Candela entra con un “tumbao’” musical que conecta con la cultura dominicana y, al mismo tiempo, transmite un mensaje espiritual. Esa mezcla genera conversación, discusión y también entusiasmo, porque representa una nueva forma de comunicar la fe sin renunciar a la identidad musical del pueblo. Por eso su impacto ha sido tan fuerte: combina carisma, fe, energía escénica y un sonido que la gente reconoce como propio.

Entonces, ¿estamos ante un cambio generacional en la música cristiana?

Definitivamente. Las nuevas generaciones entienden que la música es un vehículo cultural y que el evangelio puede expresarse en diferentes formatos sin perder su esencia. Cuando el mensaje es auténtico y la intención es correcta, la música se convierte en una herramienta poderosa, y eso es lo que fenómenos como el de Martha Candela están demostrando.