Ocho años atrás, The Fast and the Furious puso en el mapa al entonces casi desconocido actor Vin Diesel. Como una estrella emergente de Hollywood la película recaudó en Estados Unidos la respetable suma de 145 millones de dólares se le llegó a comparar incluso con el musculoso Arnold Shcwarzenegger. Las cosas, sin embargo, nunca llegaron tan lejos.
Pero The Fast and dejó sentadas las base, que se referían única y exclusivamente a sus abultados ingresos por boletería, para establecerse como una franquicia. Fue así como le precedieron dos mediocres y prescindibles secuelas la original tampoco estaba muy lejos de allí, dicho sea de paso, que dejaron la franquicia exhausta y encerrada en lo que parecía un punto muerto.
A tal extremo que el tercer capítulo de la saga, cuyas acciones se trasladaron a Tokyo, recaudó apenas 63 millones de dólares. Vin Diesel, no obstante, no tuvo participación alguna en ninguna de las dos capítulos posteriores a The Fast and the Furious, con excepción de una aparición fugaz en el tercero. El insípido Paul Walker tampoco estuvo en esta última.
De este modo, los productores se aferraron a la tesis de que de la única forma que podían revivir la nati muerta franquicia, era trayendo de regreso al elenco original, con Diesel y demás a la cabeza. Tal presunción resultó ser cierta. Y Rápidos y Furiosos ha resurgido de sus cenizas con la fuerza de un vendaval que ni moja ni empapa.
Pero de eso es precisamente que se trata todo esto. El film es una necedad absoluta. Y punto. No respeta leyes, verosimilitud o el sentido lógico de hechos y situaciones. Y por lo tanto, no se detiene ante nada. Sabemos que esta es una continuación, pero no hay ningún nexo que lo establezca. Es presentada como si de una nueva película se tratara. Bien hechecita, mecánica, reiterativa y poblada de clichés hasta el hartazgo.
Naturalmente, eso es lo que una buena parte del público joven (el varonil) desea. Sobre todo, si dichas manidas formulas están aderezadas con una que otra espectacular secuencia, o con atractivas chicas, y carreras de carros sin fin. De hecho, ese es el núcleo y leit motif del todo el film. Si hasta ahí llega su aspiración, esta es su película.
Por la historia no tiene que preocuparse, y por las actuaciones mucho menos. De todas formas, los estereotipados personajes no requieren de gran talento para darle vida. Diesel repite su pose de anti-héroe arrepentido con cara de pocos amigos. Los demás, incluyendo a Walker, a Michelle Rodríguez y Jordana Brewster son tan necesarios como lo es la monótona película. Rápidos y Furiosos 4 comienza bien, de forma impactante y cargada de energía, con Dominic Toretto (Diesel) y Letty (Rodríguez), robando camiones de carga en República Dominicana. La acción luego se traslada a Los Ángeles donde Toretto, en busca de venganza, hace causa común con su antiguo rival Brian OConner (Walker) para atrapar a un narcotraficante mexicano.
Al principio al final se encuentran los únicos momentos realmente emocionantes del film. Todo es pura y obvia fantasía, pero increíblemente, vende. Habrá Rápidos y Furiosos por un buen tiempo. ¡Ave María!

