Se avecina la participación dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol y se activa como por arte de magia el patriotismo de hoja de lata.
Comienzan a elevarse voces agoreras para estimular a los seguidores de nuestra pelota para que rechacen a uno que otro pelotero, que por motivos entendibles y ajenos a su voluntad, no pueda integrarse al conjunto nacional.
Se alimenta el morbo de una fanaticada ávida de ver una participación dominicana a la altura de su jerarquía en materia de béisbol, señalando injustamente a jugadores que han informado públicamente que no podrán jugar.
Es como querer repetir la injusta crucifixión y desconsideración que estimularon en su momento en contra de Alex Rodríguez, a quien lo tildaron de traidor entre muchos otros epítetos degradantes para luego recogerlos cuando la verdad salió a flote, y el antesalista de los Yanquis de Nueva York reveló que fue prácticamente obligado por la oficina del Comisionado de Béisbol a representar a los Estados Unidos, país de su nacimiento, en el primer clásico.
Ahora los cañones enfilan injustamente hacia Albert Pujols, quien ha dicho que los Angelinos de Los Ángeles le han prohibido representar el país en el torneo, diciendo como que es él quien no quiere jugar para que el público se ensañe en su contra.
Esos patriotas les importa un comino la soberanía y la dignidad nacional, lo que buscan es el escándalo, el protagonismo, que el público se indisponga con un jugador de la calidad humana y profesional de Pujols, que nunca se ha negado a estar presente cada vez que se le ha solicitado.
Hay que tomar en cuenta en esta oportunidad que el inicialista estrella de los Angelinos viene arrastrando dolencias físicas desde hace unos años, que incluso, pospuso la cirugía en uno de sus codos con tal de no interrumpir su accionar en el terreno de juego, y que viene de su primera temporada con ese conjunto de la liga Americana en la que estuvo por debajo de las expectativas que se crearon después de la firma de su extraordinario contrato.
No es verdad que ningún pelotero estelar se gobierna, los equipos que le pagan millones de dólares están en el derecho de exigirles y de cuidar sus intereses, porque una lesión en el clásico afectará el desempeño y las aspiraciones de cualquier conjunto para una temporada que inicia prácticamente después de terminado el clásico.
Así las cosas, a veces el silencio es más elocuente que las palabras.

