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Rectas duras y pegadas

Rectas duras y pegadas

Tengo un buen tiempo dándole seguimiento a la innegable crisis que hoy afecta la actividad hípica nacional, en mi condición de hípico en retiro, de los que se fueron con el viejo y desaparecido hipódromo Perla Antillana.

Desde mi infancia hasta entrada la adolescencia disfruté de las emociones que brindaban en cada carrera ejemplares como El Águila, apodado también como El Karateca por la voz inconfundible del inigualable narrador Simón Alfonso Pemberton, Anamuya, El Babeque, la rusilla Versalles, Mazel Tov, Señorita Cuquina, así como las exhibiciones ocasionales de Felo Flores.

La llamada “curvita de la Paraguay” fue testigo de legendarias jornadas de jinetes de la maestría del abuelito Élido Núñez, J. Díaz, J. Jiménez, J. Difó, D. Arias, F. Paulino, C. Grullón, C. Pimentel, Rosa Celia Bautista, O. Valerio, F. Inirio y muchos otros que ahora escapan de mis recuerdos.

Eran los tiempos de apostar y discutir entre carrera y carrera en la zona denominada como “sol”, de las anécdotas del antiguo jinete El viejo Negrito Vásquez, del italiano dueño de establo Victorino, de Joaquín Nohíbo Lugo en la gatera, de los establos Granjero, Miró, Samira, Dominicano, Santanita, Trinitaria, del slogan de “Usted se divierte y gana, en las tardes del Perla Antillana” de la empresa Eventos Deportivos, arrendataria del parque hípico, propiedad de Salomón Sanz.

Por todo esto no comprendo ni entiendo que décadas después y con un mejor y más moderno hipódromo, el Quinto Centenario, la hípica se encuentre al borde de desaparecer sumergida en la crisis más grande de su historia en el país.

El deterioro que experimenta la actividad de las carreras de caballo ha sido progresivo y en estos momentos está en su punto más alto, que llevó a la Federación Nacional de Dueños de Caballos de Carrera y la Asociación de Criadores a suspender las carreras, con un clamor casi de desesperación al presidente de la República, Danilo Medina, para que intervenga en el conflicto y evite que desaparezca la actividad de manera definitiva.

Culpan al gerente del hipódromo V Centenario, Christian Otoniel Peña, de la peor situación histórica que vive ese deporte. Peña, en cambio, niega la crisis en la hípica dominicana por asuntos de deudas sino una lucha de intereses producto del acuerdo con la firma Galapagos, hoy   Camarero, que cataloga de “leonino”.

La verdad de todo esto es, que la familia hípica nacional espera una respuesta contundente del gobierno, que permita la recuperación de una actividad tan arraigada como es la hípica para los dominicanos.

El Nacional

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