Siempre, desde que tengo uso de razón, he escuchado que enmendar errores a tiempo es de sabios.
Acepto que la Liga Dominicana de Béisbol tiene todo el derecho de innovar e implementar cambios tendentes a mejorar las condiciones de los estadios y los usuarios, los fanáticos.
Pero si desde un primer momento esos cambios comienzan a dar problemas y provocan el rechazo masivo, entonces hay que revisar y modificar las medidas para evitar que afecte el buen desenvolvimiento del torneo que recién comienza, y que tiene todas las perspectivas de ser exitoso.
La nueva disposición de entrada al estadio Quisqueya desde el primer partido causó molestias y reacciones de rechazo por los asistentes, quienes consideran es un atraso volver a las largas filas y a los empujones para poder acceder al estadio para las gradas centrales.
Pero el colmo es, que colma la paciencia de los periodistas, que sin necesidad hayan dispuesto que los profesionales de la comunicación que cubren las incidencias del torneo, promotores y aliados de la actividad, deben hacer las mismas molestosas filas para entrar al estadio.
Desde mi óptica es un irrespeto a la clase periodística que tanto se afana por resaltar todo cuanto acontece en los estadios durante el torneo, que no me extraña en lo absoluto porque tomar una medida así habla de la clase de mentalidad de quien o quiénes la crearon y la pusieron en ejecución.
No se conforman con buscarle el peor lugar del complejo para que los periodistas aparquen sus vehículos, que por mucho tiempo usaron el parqueo cerrado que está ubicado frente a las oficinas de los Leones del Escogido, y que ahora es de uso exclusivo de ese equipo sin ninguna explicación.
Este tipo de cambios con resultados negativos hay que desestimarlos a tiempo para no perjudicar el buen desenvolvimiento de la actividad, porque sin fanáticos ni periodistas de aliados se podrá llevar a feliz término la justa.
Que se miren en el espejo del pasado, que la pelota nuestra llegó a un estado de crisis tal, que el público perdió la motivación de respaldar a sus equipos.
Entonces, si ahora hay una juventud que se identifica de forma entusiasta con el béisbol, démosle un mejor trato y facilidades porque los equipos creen que con incentivar el morbo con cinco o seis bailarinas con montajes coreográficos cargados de erotismo encima de un dugout y unos muñecos bailando dembow y reguetón entre entrada y entrada cumplen con el fanático se equivocan.

