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Rectas duras y pegadas

Rectas duras y pegadas

Desde que tengo uso de razón, siempre he escuchado la enseñanza de que no se puede “hacer leña del árbol caído”.

Sin embargo, nuestra sociedad se alimenta mucho del fracaso del semejante, se comenta y hasta se llega a disfrutar más que los logros que se obtienen. Cuestión de formación y cultura.

Lo que acaba de lograr Félix Sánchez en los Juegos Olímpicos que se desarrollan en la ciudad de Londres, es un hito que sobrepasa las esferas del deporte para convertirse en una lección de vida.

La primera medalla de oro elevó a Félix al olimpo del escenario deportivo nacional; veneración, reconocimientos, adulación, protección, proyección como marca-país, el bautismo del estadio Olímpico con su nombre, en fin, establecía con su hazaña un antes y un después.

Pero luego de toda la gloria posible de alcanzar por un atleta de esa dimensión vinieron los problemas físicos que lo limitaron, inició un trayecto tortuoso y frustrante de fracaso en fracaso producto de no poder alcanzar la antigua forma y ni acercarse si quiera.

Esa situación trajo como consecuencia que se perdiera la fe en su talento, desde el más humilde ciudadano hasta los máximos dirigentes olímpicos del país; la prensa casi al unísono le recomendaba el retiro, muchos guardando el respeto y admiración y otros llegando hasta la mofa y el irrespeto.

Pero nada pudo frenar ni diezmar el ánimo del Súper Sánchez, continuó su lucha por recuperar el terreno perdido de forma silente, sin cámaras, sin elogios ni grandes titulares de periódicos ni recibimientos multitudinarios, sólo él sabía que en su pecho latía un corazón de un auténtico campeón, que nunca se rinde.

Pudo lograr volver a la pista sin molestias físicas, mejorando sus marcas en cada competencia en que participaba,  hasta llegar la gran oportunidad que esperaba: los Juegos Olímpicos.

Llegó a la capital de Inglaterra sin ni siquiera estar en las proyecciones de medallas que previamente realizó el Comité Olímpico Dominicano, pero con la confianza y la seguridad en sus condiciones atléticas, de vuelta a su mejor nivel.

Félix Sánchez se impuso nuevamente en las competencias de 400 metros con vallas, su segunda medalla de oro en Juegos Olímpicos, a 24 días de cumplir 35 años para convertirse en el atleta de mayor edad que gana un oro en cualquier carrera de velocidad.

Sus lágrimas no sólo fueron provocadas por la memoria de la abuela ida, sino por estar de vuelta en donde siempre se consideró que pertenecía.  

El Nacional

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