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Rectas duras y pegadas

Rectas duras y pegadas

La inmediatez  se apodera de nuestra sociedad. Ahora se valora, bien o mal, lo que se produce en el momento, dejando atrás, en el olvido, trayectorias brillantes y hechos relevantes.

En el plano deportivo, que es el que nos atañe, este tipo de comportamiento se ha convertido en “el pan nuestro de cada día”, se le da la espalda y se relega a un segundo plano a muchos que, incluso en el pasado reciente, han entregado lo mejor de sus capacidades en favor del deporte nacional y sin pasarle factura al país.

No entiendo, y creo que nadie me convencerá de lo contrario, como a estas alturas el doctor Humberto Rodríguez no ha recibido su justa exaltación al templo de los Inmortales del Deporte Dominicano, y que el profesor, entrenador nacional de varias generaciones de baloncestistas femeninas, William Ramos no esté protegido en el programa de viejas glorias.

El doctor Rodríguez no amerita carta de presentación, menos una  motivación, porque desde su retorno al país desde España, en donde estudió, se integró a la enseñanza del baloncesto, no solamente para dirigir en la categoría superior sino que dejó su impronta en entre niños y adolescentes que recibieron sus sabias orientaciones en la enseñanza de los fundamentos del juego.

Fue junto al inmortal Faisal Abel Hasbún artífice de la primera gran victoria del baloncesto dominicano a nivel internacional, con la medalla de oro lograda en Centrobasket celebrado en 1977 en ciudad Panamá.

Tal y como señala el profesor Eurípides Pichardo en su consultada página Nuestra Pasión el Baloncesto de Facebook, Rodríguez, médico de profesión y especializado en medicina física y rehabilitación, se graduó como técnico en el Colegio Nacional de Entrenadores de España en 1967, en donde se inició como entrenador. Aquí se coronó campeón con el club Naco en mini benjamín, mini basket, infantil y juvenil, entre 1965 y 1972.

Ramos, el Bacalao, fue una figura pintoresca del baloncesto nacional por su peculiar método de enseñanza y dirección, que en vez de producirle reacciones negativas, forjó un sinnúmero de atletas de alto rendimiento para nuestras selecciones nacionales desde su centro de operaciones, el club Mauricio Báez.

 Comparto el criterio del maestro Pichardo cuando al referirse a la trayectoria de William señala que cuando se escriba la verdadera historia del baloncesto femenino dominicano, su nombre deberá estar en los primeros planos porque son muchos los logros conseguidos por este carismático entrenador de Villa Juana.

Como ven, Humberto y William, van de la mano en el olvido.

El Nacional

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