La meditación de esta Semana Santa, debe ser para las mujeres en la Iglesia, seguidoras más fieles de Jesús, como se puede ver en la Historia Sagrada de estos días. En correspondencia, insisten teólogas y teólogos, con un Jesús feminista, que desafiaba el legalismo y la ortodoxia religiosa de su época, como un visionario defensor de los derechos de la mujer.
Como dice el Teólogo español, Xavier Pixaca, progresista y humanista, Jesús no quiso sacralizar la sociedad patriarcal de su época» y «fundó un movimiento de varones y mujeres, en contra de los rabinos de entonces, que no admitían a las mujeres en sus escuelas», y agrega que Jesús, no sólo las acoge, sino que las escucha y dialoga con ellas «como con personas libres», las respeta y las valora en igualdad con el hombre.
En el caso de la Iglesia Católica, sus cuadros son mayormente femeninos, compuestos por un 61% de mujeres organizadas en las distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. Sin embargo, tanto la visibilidad institucional como el poder, son exclusivamente masculinas y al parecer, no por imperativo evangélico.
De acuerdo a teólogos y teólogas de la Iglesia Católica, el Evangelio de Jesús fue traicionado cuando esta institución se convirtió en una de poder religioso y social, dejando de ser movimiento mesiánico de liberación, al aceptar las estructuras de dominio masculino de la sociedad patriarcal y aplicar argumentos religiosos contrarios a los de Jesús.
Y las conclusiones teológicas dicen que siendo las mujeres una mayoría silenciada de la Iglesia Católica, se establece una especie de pecado contra la inspiración básica y mesiánica de Jesús y también, contra los signos aún de aquellos tiempos que van en la línea de la igualdad entre hombres y mujeres. (San Pablo en Gálatas 3, 28: Ya no hay hombre ni mujer…).
La confirmación de que de los 34 Doctores de la Iglesia Católica, solo 4 son mujeres, Teresa de Ávila, Catalina de Siena, Teresita de Lisieux e Hildegarda de Bingen, nos habla de la discriminación por género en una institución que es mayormente femenina.
La resistencia clerical a la participación de las mujeres en los ritos y el poder de la Iglesia Católica, no se comparece con la función desempeñada por ellas a lo largo de la historia. De hecho, al llegar a la prueba de la cruz, emblema del martes santo que vivimos hoy, los doce apóstoles abandonaron a Jesús, mientras las mujeres permanecieron fieles hasta más allá del final. Y Jesús resucitó primero para ellas.
