El Estado dominicano se ha debatido en su historia entre la sobrevivencia y el mantenimiento simple, debido a su funcionamiento sin los recursos necesarios para sus actividades cotidianas. Las innumerables demandas de comunidades exigiendo escuelas, calles, hospitales, acueductos, luz eléctrica las 24 horas, seguridad ciudadana, carreteras, etc., indican los multimillonarios recursos que requiere el Estado dominicano para satisfacer dichos reclamos.
Es por esto que se hace una imperiosa necesidad la aprobación del proyecto de reforma fiscal presentado por el presidente Danilo Medina, el cual demuestra a cada momento ser una sentida necesidad en la búsqueda de la modernización del Estado dominicano, como forma de superar los grandes problemas que abaten a muchas regiones del país .
En estos días vemos protestas en diferentes puntos del país, reclamando obras de infraestructura que se hacen imposibles de realizar con los exiguos recursos que ingresan al Estado dominicano, fruto de la negación a pagar impuestos por parte de la sociedad, principalmente, los empresarios, los cuales se emplean a fondo para boicotear todo lo que represente pagar impuestos.
Grupos empresariales le piden al gobierno más sacrificios, todo eso a pesar de que las autoridades han disminuido los gastos gubernamentales significativamente, sin que sin embargo, y a pesar de ser los más favorecidos de todo el país, los empresarios no asuman responsabilidad alguna en la cotización justa al Estado. Ya antes el ex presidente Leonel Fernández, por sugerencia del FMI, había reducido en un doce por ciento los gastos corrientes del gobierno.
Desde la muerte del dictador Trujillo, que es cuando comienza a desarrollarse la clase empresarial criolla, hasta nuestro días, los patronos nunca han asumido el compromiso con la sociedad de pagarle al Estado dominicano lo mínimo como manera de contribuir con equidad al desarrollo del país.
