Con todo y que haya dejado pasar su mejor oportunidad, que era cuando su partido tenía mayoría en las cámaras legislativas, el presidente Barack Obama no ha abandonado su iniciativa sobre una reforma migratoria. Ha vuelto a instar al Congreso, particularmente a los republicanos, a no esperar más para legalizar la residencia en Estados Unidos de unos 11 millones de indocumentados.
Durante el discurso anual del Estado de la Unión, en Washington, que tiene en la reforma migratoria una de sus promesas pendientes, se centró más en la desigualdad y en su programa para frenar la pobreza.
Además de proponer un aumento del salario mínimo hasta al menos 10.10 dólares la hora, advirtió que eludirá al Congreso “cuando y donde sea” para reducir la brecha entre ricos y pobres. Los temas migratorio y salarial también palpitan por estos lares y de ahí que susciten tanto interés. Cabe esperar que sirvan siquiera de reflexión, al menos para la clase gobernante.

