Es demasiado alarmante el caso de las tres personas que murieron por la supuesta inhalación de un gas cuando exploraban en una mina de ámbar en El Valle, Hato Mayor, como para limitar las excavaciones y metales preciosos a simples advertencias. La propia Dirección de Minería reconoció que la operación en que perecieron Rafael Nolasco Javalera, Eusebio de la Cruz Toribio y Manuel Seguís hay muchos riesgos para los mineros por las emanaciones y la gran cantidad de pozos abandonados.
Minería ha parecido lavarse las manos al informar que había advertido a los exploradores de ámbar del riesgo de encontrarse con gases no respirables si excavaban galerías para conectarse con los pozos cerrados desde hacía meses. A pesar de las habilidades que cabe suponer a los mineros, la advertencia no bastó para evitar la tragedia. Es posible que también se requiriera de una supervisión más estricta alrededor de las excavaciones.
Un geólogo del organismo dijo que había recomendado a los exploradores fallecidos que minaran en dirección opuesta al plano que seguían porque de esa manera podían encontrar más ámbar, corriendo menos riesgos. Es evidente que no se le hizo caso. Los mineros, tal vez amparados en su experiencia o sabrá Dios, tomaron su propia decisión sin que nadie pudiera impedírselo.
Tratándose de una operación que no se detendrá por el valor artesanal del ámbar, el larimar, otras piedras y hasta metales como el oro, el presidente Danilo Medina ha tenido la saludable iniciativa de regular, fiscalizar, controlar y desarrollar por medio de un decreto la extracción de los materiales.
La decisión contribuye a evitar otras tragedias, así como la depredación de recursos naturales en busca de gemas de gran valor en el mercado.
La tragedia que costó la vida a Nolasco Javalera, De la Cruz Toribio y Seguís cuando se internaron en el área plantea que la sostenibilidad, precaución, prevención y eficiencia son elementos que deben observarse en la exploración de larimar, una variedad cuya coloración solo se encuentra en República Dominicana, y de ámbar.
Queda por determinar si los mineros murieron por la inhalación de metano, sulfuro de hidrógeno, monóxido de carbono o por alguna otra razón.

