La religión está decidida a incidir en el próximo torneo electoral. Lo sorprendente es que, como en los tiempos de la Inquisición o de la persecución de las ideas radicales, se lo proponga a través de la intimidación.
El presidente del Consejo Dominicano de la Unidad Evangélica (Codue) anunció que coordina con la Iglesia católica denunciar en los templos a los candidatos que favorecen el aborto, el matrimonio homosexual y la tolerancia. Con tanto que reclamar a los postulantes electorales la preocupación a nombre de la soberanía y la vida del reverendo Fidel Lorenzo Merán deja mucho que desear.
Con tantas necesidades acumuladas es inconcebible que la forma de pensar de un candidato a cualquier cargo electivo constituya el dolor de cabeza para un reverendo y no su discurso para buscar soluciones.
Esa campaña que ha anunciado recrea y fomenta persecución. Las iglesias pueden oponerse al aborto, el matrimonio homosexual y defender los nacionalismos, pero sin condenar a los que no piensan igual.
