(1)
Antes de las primarias del PLD, Leonel Fernández proclamaba que ese partido concurriría unido a las elecciones y ganaría en primera vuelta. Obvio que la afirmación partía de dar por un hecho que sería triunfador en esa contienda, de la cual, con torpeza impropia, ignoró que usarían recetas extraídas de su propio menú.
La pregunta surge de manera natural: ¿De haberse producido los resultados esperados por el entonces presidente de la organización, estarían él y quienes lo siguen, esgrimiendo sus valoraciones sobre las desviaciones lastimosas en las cuales ha incurrido esa entidad y que están siendo sustento teórico de sus renuncias del PLD? El oportunismo y la falsía no pueden ser más evidentes.
Lo cierto es que no existe una sola de las justificaciones de tales dimisiones que pueda catalogarse como nueva. Del PLD hace años que se puede decir, sin ningún temor a errar, que dejó de ser la creación política llamada a asumir y alcanzar los excelsos retos que fundamentaron su origen. Lo más grave de todo: Ninguno de los renunciantes, con quien asumen como líder a la cabeza, puede alegar ignorancia y mucho menos responsabilidad en ese destino trágico en que devino una obra construida con tanto esmero por su legendario fundador.
Leonel Fernández está en el epicentro de las etiologías que llevaron al PLD a construir el monstruo que lo han devorado, con la agravante de que si existía alguien de quien no se esperaba conducta similar era él, provisto del perfil ideal para darle continuidad, llegada la hora irremisible del declive del líder, a los anhelos que albergábamos sus compañeros en ese proyecto de nación tan portentoso como era el otrora partido llamado a conquistar la liberación nacional.
Lejos de asumir el papel histórico que las circunstancias colocaron en sus manos, se dedicó con esmero de fino orfebre, a ofrecerse como representante protector de fuerzas económicas, sociales y políticas antagónicas al esquema del PLD, ante la inminente orfandad de esos sectores por el arribo del ocaso de Joaquín Balaguer, personaje detractado por él, para culminar siendo su apologista mayor. No por casualidad su refugio acogedor en las horas actuales son esos mismos nichos.
Este señor podrá engañar incautos, continuar contando con el respaldo de una legión de aprovechados, beneficiados de mil maneras, casi todas jugosas y pocas honorables. A mí no. Como a nadie que defienda la coherencia mínima que obliga el respeto propio. Continuará.

