Si la enseñanza de la Historia es un desastre, todavía es peor la evaluación de los textos por el Ministerio de Educación. Es inconcebible que se imparta un texto que consigne que Gregorio Luperón, Ulises Heureaux y Francisco del Rosario Sánchez fueron los líderes de la Independencia Nacional. Con una distorsión tan aberrante, ese libro, escrito por Alejandro y Ricardo Hernández, jamás debió ser aprobado por la cartera educativa.
El escándalo se agrega a las deficiencias que han colocado el país en los últimos lugares en matemáticas, lectura comprensiva y ciencia. Hace tiempo que la enseñanza de la Historia ha mostrado signos verdaderamente preocupantes, que no se sabe por qué no se han corregido, máxime en una época en que se habla de revolución educativa. Puede darse por descontado que a lo más que se llegará es a corregir las distorsiones.
La elección y evaluación del texto permanecerán como muchos de los tantos misterios que rodean los escándalos públicos.

