Si algo siempre ha resultado interesante de la política en los Estados Unidos es que los partidos allá mantienen posturas ideológicas que al menos tratan de mantener consistentes, y la adhesión a esos valores políticos tenía peso sobre el electorado. Sin embargo, desde la nominación presidencial de Trump las cosas, al menos en el Republicano, han cambiado dramáticamente y empieza a mostrar características que nos pueden resultar familiares.
Hasta hace un año y medio el Partido Republicano solía mercadearse como el partido de los valores familiares y cristianos, pro-negocios y el libre mercado, anti déficits fiscales y un partido a favor del Estado pequeño, desde que empezara la era de Trump todo esto ha quedado entredicho y ahora este se evidencia como un partido por y para el poder, como un perfecto partido dominicano.
Las elecciones especiales para un curul del Senado del Estado de Alabama, ha sido el ejemplo más llamativo de esta vuelca de los republicanos. Luego que el candidato republicano Roy Moore fuera acusado por cuatro mujeres de haberlas tratado de forma sexualmente inapropiada cuando estas eran adolescentes y él un hombre de 30 años, el liderazgo republicano al principio mostró su rechazo, sin embargo, luego de la ambivalencia de Trump sobre el candidato sumado a la posibilidad que un demócrata ganara allí por primera vez en décadas y redujera la ventaja que tienen los republicanos en el Senado a apenas un voto, ese mismo liderazgo ahora ha dado hacia atrás y ha vuelto a apoyar a un nominado que representa la antítesis de los “valores familiares” que antes profesaban representar.
No muy diferente fue la elección de Trump que ni piensa ni se comporta como un “cristiano”, al punto que ni siquiera sabe correctamente como referirse a los libros de la Biblia, eso no detuvo al voto hypercristiano de los evangélicos que en masa asistieron en su victoria.
A todo esto se suma la marcha atrás al libre comercio con la salida del Acuerdo Transpacífico y la hostil renegociación del NAFTA, o la reciente aprobación de una ley tributaria que podría dejar a Estados Unidos con un déficit en los trillones en los próximos 10 años, el partido republicano de hoy no es sombra de lo que era hasta hace no tanto. Hoy este acoge el mensaje populista que le dio la presidencia a Trump, y representa lo que sea que tenga que representar mientras satizfaga a su rabiosa base de votantes.
El Partido Republicano ha asumido la postura del típico partido dominicano, lograr el poder por lograr el poder. Este cambio me resulta sumamente interesante y estoy curioso por ver como esto resulta de cara a las elecciones de medio término del 2018 y su impacto en un electorado como el americano. Ya sabemos como eso funciona en el electorado dominicano.

