Sé de clases donde él o la educando nunca se apropia del espacio. Confinado/a a su silla ahí permanece durante La duración del curso. Estático, obediente, participando cuando al maestro o maestra le da la gana de concederle un espacio y conociendo que si se pasa de inteligente será penalizado con el ostracismo, porque entonces “pone al maestro en situación”.
Así, poco a poco, se va matando todo impulso, toda iniciativa, toda alegría, todo esfuerzo por aprender, toda espontaneidad frente al proceso educativo. ¿Por qué me obligas a estudiar si a la maestra no le importa?, preguntaba mi hermana una y otra vez. “Porque estudias para ti y al final lo que piense ese maestro o maestra no te concierne, no es más que un episodio en el devenir de tu vida, bueno o malo, horroroso o cruel, pero solo un espacito”.
¿Qué podría hacer maestro/a el segundo día de clases?
Romper el hielo y para ello una sugerencia es que reordene el espacio con el estudiantado si las sillas no están soldadas, o cementadas, al piso. Esa simple actividad le servirá para detectar quien o quienes tienen aptitudes de liderazgo, o servicialidad, y le permitirá explicar que el ordenamiento del espacio, en cualquier ámbito, no es neutral, que obedece a una rigurosa división de poder, donde el maestro/a se coloca frente a la clase, amurallado/a en su escritorio.
Esta explicación puede ampliarse con ejemplos del estudiantado sobre los espacios que conocen: las iglesias, con el altar y el púlpito siempre muy altos y los techos y columnas diseñados para físicamente sobrecogernos con el poder divino; los mítines políticos, donde el liderazgo siempre está colocado en una tarima; las conferencias y seminarios, donde él o la ponente siempre se coloca por encima de los y las participantes.
Así, el estudiantado aprende que el ordenamiento del espacio es siempre un ejercicio de poder y que al rediseñarlo como un circulo, donde todos y todas puedan verse las caras, y el profesor o profesora está al nivel de los y las demás, se comienza a romper esa concepción, a democratizar físicamente la relación espacial entre el “que sabe” y los que “no saben”.
Durante el proceso de reorganización el facilitador o facilitadora, que así se llama el maestro o maestra, ira identificando las iniciativas de los y las más activos y la pasividad de los y las más traumatizados/as por la escuela, y con esa información podrá diseñar sus estrategias de integración y movilización de sus estudiantes, colocando a los mas proactivos al lado de los pasivos para fomentar el necesario intercambio.
Nótese que es este un segundo ejercicio antes de iniciar “las clases”.

