Una provincia como Samaná, que se ha destacado por sus atractivos turísticos, no debería padecer una crisis de servicios como el suministro de agua potable. Si es como han denunciado organizaciones de la zona de Santa Bárbara, se trata, por todas sus consecuencias económicas y sanitarias, de una ominosa desatención. Desde 2010 Samaná cuenta con un acueducto, que se construyó con el propósito de satisfacer las necesidades de agua potable de la provincia.
Pero resulta, conforme a los denunciantes, que además de Santa Bárbara comunidades como Majagualito, Coyote, Tierra Blanca, Juana Vicenta, El Paraíso, La Colonia, Rancho Español, Arroyo Chico, La Guázara y otras carecen de un servicio tan vital en una provincia que tiene el turismo como su principal fuente de ingresos. Tienen las autoridades competentes, incluido el Ministerio de Turismo, que prestar atención a la demanda de agua potable que reclaman residentes en comunidades de Samaná. Es lo menos que se puede hacer.

