La descentralización para mejorar los servicios y ahorrar costos, es más que necesaria. Pero en modo alguno puede ser a costa de mutilar el territorio, con el agravante de incrementar los gastos burocráticos. Esto último es lo que representa la infeliz iniciativa de la Cámara de Diputados al aprobar la división de Santiago en dos municipios. En realidad se trata de un viejo proyecto, que cobró fuerza tras el fracaso para convertir en municipios 234 distritos municipales.
Los congresistas no se contienen en sus ambiciones ni en sus privilegios. Con una buena gestión no hay necesidad de mutilar un municipio como Santiago parar mejorar la calidad de los servicios.
Pero los congresistas no piensan ni les importa la administración de los recursos, sino los réditos políticos y económicos que les producen desatinos como la creación de más demarcaciones. El Senado pudiera enmendar la barrabasada de los diputados con la creación del municipio Santiago Oeste, pero no se abrigan las más remotas esperanzas porque son pájaros del mismo plumaje.

