Cual ave infinita sin regreso, sus alas cada segundo de este 31 de diciembre transmiten un adiós invisible a quienes perviven, unos plenos de alegría, otros de nostalgia, triunfos, pesares, lágrimas y recuerdos inconmensurables. Llega radiante el 2012 con sus trompetas, sus obsequios multicolores, contemplando el infinito, rodeado por su vastedad, pletórico de esperanzas.
Se marcha el 2011 y nunca regresará, sin vacilaciones, y yo tal vez, promesas no cumplidas, me pregunto: ¿Cuántos deseos truncos o insatisfechos? ¿Cuántos millones de seres humanos quedan y viven en el olvido y la frustración? ¿Cuántos no saborean un pedazo de pan o salchichón o pollo?
Vivimos un mundo de injusticias, desigualdad, disparidad, frases que solo están escritas en los libros, donde la ambición, la insensatez, la rivalidad, el odio, descomposición social y moral, la cultura del nada me importa, búscame lo mío, dame algo, de algunos que hicieron su reflexión de pedigüeños, algunos con razones valederas y falta de oportunidad, pero otros no.
La intangible división política, el irrespeto a los símbolos patrios, la inconducta de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, la madre que pasan días y semanas sin ver a sus hijos, porque trabajan mucho, según algunos, atendiendo más el peinado, el maquillaje, el perfume, la yipeta, el carro, el lujoso vestido, la pérdida de amor y confianza entre padres e hijos, la prepotencia, la mentira, el olvido de amigos sinceros, la conciencia de fe, comprensión, amor, solidaridad, la no interacción de hombres honestos y capaces al trabajo, porque tienen su propia ideología, sin embargo, ¡cuánta opulencia existe en el país!
Los valores están ahí, aquí, allí, no han desaparecido, son eternos, inconfundibles y reinan en todas partes sin excepción alguna, pero muchos hacen caso a las intrigas, la cizaña y la sinrazón.
Como en otras naciones, nuestro gran país vive una etapa de descomposición. Se marcha el año viejo como el torbellino de vivir y no existir, porque tenemos vivos muertos, envueltos en miseria espantosa, lágrimas y amarguras, como refería T. Gautier: De todas las ruinas del mundo, la ruina del hombre es el más triste espectáculo.
Te marchas, 2011, y me despido de tu reinado diciéndote adiós, ya nunca volveré a verte.
Te esperamos, 2012, deseando que traigas a este mundo paz, sosiego, amor, progreso para todos los continentes, que cesen las guerras, los odios, la barbarie, el hambre y las injusticias, símbolos negativos de estos tiempos.
Y que el corazón de todos los hombres y mujeres se haga más humilde, que San Cristóbal y San José de Ocoa y otros pueblos recobren su imperio y grandeza en todos los órdenes. Imploramos a Jesús para que siempre nos ilumine y guíe con salud, paz, dicha, fe, junto a su doctrina, porque él es rey de reyes y el único que lo puede todo.

