Elemental, se veía venir. La incapacidad de nuestra clase política para enfrentar los grandes desafíos de una sociedad que luce huérfana de oportunidades. La insensatez del liderazgo del Partido Revolucionario Dominicano y una clase empresarial que, salvo honrosas excepciones, solamente sigue los ideales de Jeremías Bentham, iban a crear las condiciones para que se rompiera la inamovilidad social y surgieran movimientos sociales, capaces de reclamar a las autoridades sus derechos adquiridos.
Antes de que el maestro Eric Howsbawn emprendiera su viaje a lo desconocido, planteó la necesidad de volver a Carlos Marx con más seriedad, y lo hizo consciente de que el fracaso en la modernización de los Estados y la falta del derecho al bienestar de las grandes mayorías, iban a desatar grandes crisis de gobernabilidad como la que se avista en la República Dominicana.
Pienso que estas movilizaciones sociales sin líderes renombrados, obedecen a una indignación colectiva, como resultado de los grandes niveles de pobreza y a la falta de confianza a una clase política que no ha sido capaz de lograr que millones de dominicanos dejen de desayunarse con un Ave María y se acuesten sin cenar con un Padre Nuestro. Los niveles de pobreza siguen siendo alarmantes.
Este despertar de los dominicanos, implica, sin lugar a dudas, un alto grado de peligrosidad para la gobernabilidad, pues los ciudadanos han perdido la confianza en los partidos políticos y sus líderes, dada su incapacidad para reducir la pobreza y detener la desigualdad creciente, que cada día ensancha la brecha entre pobres y ricos. Indudablemente, que la corrupción galopante que muestran los organismos internacionales en sus estadísticas, ha exacerbado la indignación de los dominicanos.
Los partidos políticos y sus líderes, como agentes representativos sociales se han ganado el descrédito de los ciudadanos, que han optado por reclamar sus derechos civiles, económicos, sociales y culturales en las calles del país, ignorando, quizás, que siempre hay fuerzas oscuras a la espera del caos social para pescar en río revuelto.
Pero la historia ha de hacerse: o con sus grandes líderes sociales o con las grandes masas hambrientas que no soportan más humillaciones de quienes están llamados a garantizarles un verdadero Estado de derecho y no déficit fiscal y déficit democrático como los que vivimos hoy en día.

