Opinión

Sello político

Sello político

Tenía 13 años, vivía en condiciones precarias, atesoraba una medalla obtenida en una competencia de Skateboard y albergaba muchos sueños. Triste tarea esbozar la biografía de un limpiabotas muerto a balazos porque las autoridades han dedicido enfrentar a tiros las manifestaciones de descontento de la gente. Y podría decirse lo mismo del herrero muerto en las mismas circunstancias, el mismo día y en el mismo lugar.

A Miguel Ángel Encarnación, apodado Félix Sánchez porque exhibía condiciones de atleta, el mismo sector social y político que no le dio la oportunidad de obtener educación y comida sin tener que trabajar, se negó a reconocerle el derecho a  tomar una pausa en un trabajo que sólo realiza un niño cuando es muy pobre.

 Al herrero Francisco Vásquez, un hombre con 29 años, tampoco le fue reconocido ese derecho. Murió a balazos el pasado jueves.

El presidente Leonel Fernández dice que hay elementos políticos en las denuncias de corrupción. Antes de señalarle que los funcionarios han respondido calificando como normales las acciones que han desatado escándalos, hay que preguntarle si no percibe el elemento político en el hecho de que la mal llamada oposición no pueda denunciar con fuerza la ilegitimidad de  un gobierno que enfrenta a tiros la protesta popular.

La muerte de Miguel Ángel y la de Francisco Vásquez, hay que presentarlas como el saldo de la represión y del ejercicio del autoritarismo.

El PRD está embarrado con el mismo lodo. En protestas por la falta de energía eléctrica, decenas de personas fueron muertas por la Policía durante el gobierno encabezado por Hipólito Mejía.

El PRSC, que de sello gomígrafo para la perpetuación de Joaquín Balaguer en el Palacio pasó a ser bisagra, y de bisagra a chatarra cuyas podridas piezas se devaluán en el negocio politiquero, no sólo está embarrado con el mismo lodo, ha aportado al actual  gobierno elementos represivos que actúan como fuerzas de choque durante las jornadas de protesta.

 El sello político que el presidente Leonel Fernández ve en las denuncias de corrupción, parece que no lo advierte en las ataduras que mantienen a la mal llamada oposición metida en el mismo lodo.

Llorar a Miguel Ángel y al joven herrero, es un derecho, pero hay que acompañar las lágrimas con la condena al autoritarismo y con el rechazo a un sistema político que, en su afán de eternizar la injusticia, se presta incluso a matar niños…

El Nacional

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