La sentencia del juez de la Octava Sala de la Cámara Penal del Distrito Nacional que ordenó la libertad de dos colombianos retenidos en prisión por la Procuraduría General de la República es otra saludable señal de independencia en la judicatura.
El magistrado Héctor Andújar no se dejó intimidar por la ofensiva mediática del Ministerio Público para justificar el desacato de una sentencia que dispuso que los hermanos Huber y Angel Buitrago fueran puestos en libertad.
Los jueces, ante la embestida del procurador Francisco Domínguez Brito, explicaron que basaron su decisión en que no se aportaron pruebas para mantener en prisión a los imputados.
Pero en lugar de refutar a los jueces, Domínguez Brito emprendió una campaña para empañar la imagen de los jueces por los supuestos fallos benignos a favor de imputados por narcotráfico. Sin abundar en el escarceo, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Mariano Germán, definió el caso de preocupante. Alienta, pues, que sectores de la justicia levanten la bandera de la independencia.
