Opinión

¡Señor, levante la bandera!

¡Señor, levante la bandera!

Mientras me encontraba junto a un grupo de personas previo a mi juramentación como naturalizado estadounidense, una señora demandaba reiteradamente: ¡señor, levante la bandera; la cámara lo está grabando!

Realmente me sentía otro y, prácticamente, estaba en un trance a modo de acto de contrición. Luego de juramentarme hace poco o más de dos años, en esos días experimentaba una sensación de mea culpa. ¿Quién lo habría dicho? Yo, naturalizado como estadounidense. Aunque muchos me aconsejaron optar por ese status migratorio.

Me sentía hecho un asco. Mi coherencia había flaqueado. Sin embargo, estoy convencido de que la patria es un sentimiento, o una herramienta portátil; se lleva donde quiera que uno esté.

Pensé que nunca hubiese llegado a obtener otra nacionalidad aunque en estos momentos- sería una necedad negarlo-, quiero a mi pueblo pero no estoy orgulloso de mi gentilicio dominicano. No debo ser chauvinista, en el exterior, nos avergüenzan constantemente los que pretenden representarnos.

Me pregunto por qué alguien que proviene de los barrios marginados, que luchó estoicamente por no caer en la delincuencia; ha hecho honor a los principios de quienes lo formaron, es confinado al ostracismo y, de paso, nacionalizarse en otras tierras. Todavía veo el rostro de esa mujer. Sin conocerme ni haberme visto nunca, y como si me protegiera, insistía en que debía ondear aquella pequeña réplica de la bandera de Estados Unidos.

Cuántos, sin quererlo, habrán atravesado por esta situación. Pero muy a pesar de ello, no creo que ahora tenga dos nacionalidades; no, tengo varias. En las factorías me he codeado con gente de todas las latitudes, y por todos y junto a todos, luché por mis derechos.

El Nacional

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