Tus compañeros te recordaremos siempre en el bullicio de tu cubículo conocido como la esquina Capotillo de la redacción de El Nacional, como el amigo de espíritu noble, corazón abierto y alma sensible y franca, manifestó José Antonio Torres, al leer con voz entrecortada el panegírico frente a los restos del colega Luis Adames Jáquez, antes de bajar a la fosa del Cementerio Cristo Salvador, donde este domingo recibieron cristiana sepultura.
Adames Jáquez falleció el sábado en la madrugada en medio de la anestesia que le fue aplicada para operarlo de una hernia discal en la Clínica Gómez Patiño.
Su deceso sorprendió a sus familiares y a los compañeros de trabajo, que todavía ayer no asimilaban el hecho, ya que, como destaca el panegírico cuando parecía que la vida le sonreía, que la familia se afianzaba y Dios le acompañaba en sus altos designios, llegaron los padecimientos que debilitaron su cuerpo, y que finalmente adormecieron su alma.
Agrega que quizás describir su vida sirva de ejemplo para sus más cercanos, y un poco para entender el valor del sacrificio personal y sobre todo, saber que se puede crecer, madurar y progresar sin abandonar los principios, los nobles ideales y las altas misiones que hoy se vuelven en una vida de fluir constante.
Tanto en la funeraria Blandino de la avenida Charles De Gaulle como en el Cementerio Cristo Salvador proliferaron las manifestaciones de dolor y de condolencias para su esposa María Ventura, sus hijos Alan y Amy, sus padres Aurelina y Meregildo, quienes las recibían en medio del llanto.
Adames Jáquez trabajó en El Nacional durante 23 años, donde comenzó como chofer y terminó siendo el encargado de la edición digital de este diario.
Y es que, señala el panegírico, Luis Adames se caracterizó por su solidaridad, fue jocoso, jovial, alegre y con expresiones cargadas de humor, cada día que compartía responsabilidades con sus compañeros de El Nacional.
A seguidas, el panegírico cita al poeta Octavio Paz, al señalar que como si todo está lejos, no hay regreso, como si los muertos no estuvieran muertos, como los vivos no estuvieran vivos. Hay un muro, un ojo que es un pozo, todo gira hacia abajo, pesa el cuerpo, pesan los pensamientos, todos los años son este minuto desplomándose…interminablemente.
Hermano Luis, aquí estamos tus amigos desde la lejana infancia, aquí venimos a acompañar al caballero que nunca tuvo cansancio, al ciudadano sencillo con fortaleza de gigante, que se alza sobre el hueco que hoy nos deja.
Aquí todos estamos, en esta muerte que nos aturde, en este último adiós, concluyó el panegírico entre sollozos de Torres y quienes acudieron al camposanto a dar el último adiós a quien tuvo la virtud de tomar el lado bueno de la vida, haciendo caso omiso o tomando de forma filosófica los sinsabores y las penurias, propios de la crisis actual, que se acentúa en quienes no perciben suficientes ingresos para enfrentarla.
¡Paz a los restos de nuestro inolvidable compañero Luis Adames Jáquez!

