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Sepultureros Duarte

Sepultureros Duarte

Lidia Emeterio Rondón

Bajo el título de Pésimos indicios de un año que recién inicia, publiqué un trabajo señalando situaciones que, en el orden jurídico y de las expectativas de justicia, el país debe superar. Ahora dirijamos una mirada de preocupación en el escenario actual, donde persiste este afán por el tema electoral, pero desviando la atención respecto de lo esencial: la ocupación haitiana, y todo lo que ella está implicando y complicando.

Ya han comenzado los aprestos electorales, y una vez más la clase política deja de lado lo que debería ser su escudo y su norte: República Dominicana es hoy día un país ocupado por Haití, pero prefieren entretenerse con los detalles del negocio electoral.

La clase política dominicana es cómplice de la ocupación haitiana a la que le hace el juego, quizá coqueteando con el voto que de allí pueda venir. Ahora ocupan su atención en las elecciones del 2024, y ciertos puntos de debates: la compra y venta de los adeptos, posibles alianzas, ley electoral, mudanza, según convenga, de un partido a otro, y un vergonzoso etc. El poder, en este caso, es la casa del tesoro, y todos se desviven por gobernarla.

Los que estaban quieren volver, los que están, forcejean para eternizarse, y quienes no han llegado ni llegarán nunca, luchan por aliarse, como bisagra, a una de las fuerzas políticas, y así asegurar, con el negocio, una porción del pastel.

Mientras tanto, el país sigue bajo amenaza, y demanda una acción urgente, unitaria y decidida de parte de la clase política dominicana, a tono con los intereses de la nación, incluido el peligro que asecha a la soberanía.

Se necesita que los partidos políticos sean capaces de presentar estrategias que lleven al país a descontinuar, sin miedo a la ONU, ni a los Estados Unidos, cargando con el estado fallido que es Haití, y así ponerle un alto a la ruina y el estrangulamiento económico que en distintos ámbitos representa la ocupación haitiana en el territorio, y en el Presupuesto Nacional: recursos en educación (disposición de aulas, profesorado, útiles escolares, desayuno escolar) gasto en salud pública, transporte público, ocupación laboral formal e informal, y una extensa lista de servicios gratuitos a esa multitud.

Los partidos saben que los organismos internacionales presionan y dan órdenes a los gobiernos serviles, y que por ese servilismo de los gobiernos dominicanos, estos extranjeros imperiales se niegan a reconocer que somos un país soberano, y quieren que Rep. Dom. cargue con la crisis haitiana, siendo este un problema internacional.

La clase política debe prestar atención a este problema, y organizar una cumbre o una conferencia permanente para discutir y buscar soluciones. Si se continua de espalda a la ocupación haitiana y los perjuicios que está dejando, es porque se sienten a gusto siendo los sepultureros de Duarte, y su patria amada y del futuro que nos aguarda.

Por: Lidia Emeterio Rondón
lidiamelania31@gmail.com

El Nacional

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