Ahora que el acoso sexual comienza a exponerse públicamente en instituciones estatales, en el paìs y en el exterior, la nación comienza a enterarse de las historias de horror de las trabajadoras domésticas, estudiantes de secundaria y universitarias, obreras de zona franca, secretarias, embajadoras y cónsules, asombra percibir como se comienza a conformar una temprana conciencia contra este flagelo.
En la encuesta realizada por los niños y niñas de Visión Mundial entre jóvenes de 13 a 18 años, un 19% dijo haber sido víctima de acoso sexual por los profesores. Mientras en el renglón de 6 a 12 años, 16% dijo que los profesores se ponen de frescos con los estudiantes.
Lo peor es que informados- los y las directores de las escuelas no hicieron nada; tampoco hicieron nada frente al abuso de los más grandes contra los más pequeños, o el rechazo por color y pobreza de muchos estudiantes.
Entre las instituciones que trabajan en la protección de menores en sus comunidades, los y las estudiantes identificaron las siguientes: escuelas, iglesias, familia, Policía, junta de vecinos, Unicef y en último lugar, al CONANI. Con respecto a la Policía Nacional es importante notar que entre 6 y 12 años los niños y niñas piensan que no hacen su trabajo; no mantienen el orden y abusan de los niños. De 13 a 18 consideran que la Policía a veces cumple con su trabajo, aunque aún no corrige, o saca de sus filas, a los policías corruptos.
Con respecto a su participación ciudadana, de 1-12 los niños creen que no tienen ninguna porque los adultos no les dan oportunidad, mientras en el renglón 13-18 ,los jóvenes creen que las autoridades no entienden lo que piensa la juventud. Se limitan a sus redadas, para ficharlos, arrestar a los que han tenido algún récord y a sus intercambios de disparos.
¿Qué proponen? Que a quienes cometan abuso contra los niños y jóvenes no los dejen sueltos para que no repitan lo mismo. Quieren participar, hacer el cambio, SER el cambio; quieren un país mejor, y para ello trabajan con la sociedad civil en coordinaciones municipales, formando grupos de 25 facilitadores, donde cada joven, a su vez, conforma un grupo de 20 personas. En los grupos no hay jefe o jefa, solo coordinadores horizontales, sin adultos. Proponen un movimiento de participación protagónica, donde se diga no a la representación simbólica («Ministerios de la Juventud») y sí al empoderamiento de los miembros.
Paralelo a su emergencia de la invisibilidad, la juventud adopta modelos no autoritarios de organización, horizontales, y con visión y praxis crítica frente a las estructuras de poder y su representatividad. Presenciamos, en resumen, el surgimiento de una nueva dominicanidad.

