El servicio de energía eléctrica ha sido siempre una complicada madeja de intereses que se traduce en enormes erogaciones de fondos públicos para tapar huecos que nunca llegan a cubrirse ni aun con los subsidios que otorga el Gobierno, que en los dos primeros meses de este año alcanzarán 3,392 millones de pesos.
La Superintendencia de Electricidad informó que la tarifa eléctrica se mantendrá invariable con el desembolso del equivalente de casi 70 millones de dólares, de los cuales US$31 millones corresponden al mes de febrero.
Es claro que si se indexa la tarifa eléctrica se afectaría muy seriamente el presupuesto de la población que paga por el servicio, además de motivar un incremento en los niveles de inflación o costo de la canasta familiar, pero hay que decir que la cruz que se acarrea es muy pesada.
El Gobierno también carga por los costos de pérdidas técnicas, fraudes o robos de energía, sin que la población que paga por el servicio se beneficie de las reducciones en los precios internacionales del petróleo.
En 2018, el subsidio o indexación a la tarifa eléctrica ascendió a RD$11,034.7 millones, equivalentes a 220 millones de dólares, calculado a una tasa de 50 por 1, saldo que sería superado en 2019, a pesar de la baja experimentada en el barril de petróleo.
El Complejo Punta Catalina, que iniciaría operaciones este mismo año, luce como el mejor remedio, o el único a la vista, para contener la hemorragia financiera que provoca un ensamblaje de generación eléctrica de carácter oligopólico que en cualquier escenario encarece el precio del kilovatio-hora.
Para poder mantener la tarifa eléctrica en precio invariable, el Gobierno requiere erogar casi tres mil 400 millones de pesos en los primeros dos meses de 2019, una situación que revela la necesidad de que las Distribuidoras de Electricidad reduzcan significativamente sus pérdidas.
Punta Catalina, llamada a generar más de 700 megavatios, equivalentes al 35% de la demanda actual, puede ser el gran alivio a una crisis que ha costado al erario más de 12 mil millones de dólares en 16 años, o sería, Dios no lo quiera, la peor frustración.

