Honrar, honra”, dijo el apóstol cubano José Martí, y en nuestro país y gran parte del mundo, la gente únicamente reconoce el dinero como la fuerza que avasalla y apabulla hasta los más elementales valores humanos.
El reputado técnico de baloncesto Félix Aguasanta Rojas nunca se imaginó mientras se tomaba su cerveza pequeña en el bar Cochi de la avenida San Martín,- en donde lo alcancé a ver cada noche cuando caminaba para dirigirme a mi hogar materno-, que los humanos fueran tan ingratos.
Corrían los años setenta, y en mi mocedad vi muchas veces al finado jugador de baloncesto Chicho Sibilio en el patio del colegio Evangélico Central jugar en las canchas de esa entidad educativa.
En una crónica que leí ante la infausta muerte del destacado jugador de baloncesto, Cándido Antonio –Chicho- Sibilio, en donde se menciona que este deportista fue fruto del Barcelona, perversamente obviando que Sibilio fue producto de la cosecha del maestro Félix Aguasanta Rojas y el reverendo Néstor Lira en el patio del colegio Evangélico Central, desde donde igualmente se realizaron Iván Mieses, Manolo Prince, Vinicio Muñoz, Pepe Rozón, y muchos más.
La duela del Evangélico Central era un espectáculo deportivo capitalino, en donde se daban citas los mejores deportistas del baloncesto, todos bajo la férula del reputado técnico Félix Aguasanta Rojas.
¡Todo lo otro viene después!

