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Siempre con la verdad

Siempre con la verdad

Ramón Rodríguez

¿Cuál será el futuro de la LNB?
La historia de la hoy llamada Liga Nacional de Baloncesto es tan turbia como “las guerras” que se producen en algunos lugares del África en busca de diamantes.

Es muy reciente para

olvidar, que ese proyecto se introdujo atropellando los derechos adquiridos de la Asociación de Baloncesto del Distrito Nacional, al cambiarle drásticamente y a la fuerza su tradicional fecha.
Nunca ha existido un plan serio de fomento

a través de esa liga que cada día luce más a la deriva, como decía el maestro del cuento uruguayo: Horacio Quiroga. Independientemente de su brusca eclosión, hemos apostado a su desarrollo y estabilidad, pero el hecho de que esa liga naciera con cierto aire elitista y con poco afianzamiento en los barrios, le ha dificultado su posicionamiento.

El pobre inicio de esta temporada y la falta de entusiasmo de la fanaticada, con la excepción como siempre de los seguidores de los Metros de Santiago y Los Reales de La Vega, debe provocar un encuentro de sus actores para intentar un relanzamiento.

Es de justicia reconocer, que la Liga salió de la opacidad y parecía conseguir su despegue definitivo en el 2010 bajo la dirección de don Federico Lalane José, quien a fuerza de un trabajo tesonero y su reconocida rectitud, hizo respetar las reglas del juego. Hay que consultar al ex contralor de
la República para escuchar sus sabios consejos.

En estos momentos yo no sé para que sirve la LNB. Creo que está llamada a desaparecer.

Mi deseo es que dure mil años, pero cuando las pérdidas dejen de ser una diversión para algunos accionistas, entonces podría llegar el “naufragio”. Reconozco que Antonio Mir hace grandes y nobles esfuerzos para el impulso de la liga, pero al final será un instrumento de un proyecto que nació torcido bajo el amparo de una Federación Dominicana de Baloncesto que nunca ha apostado al fomento y que ha sido la gran beneficiaria, pues se mantiene succionando a la LNB mediante el
cobro de “impuestos”.

Sin exagerar, pienso que a Rafael Uribe, presidente de Fedombal,
se le podría llamar el Fenicio moderno del deporte, pues se ha preocupado más bien en tener llenas las arcas de  la Federación, en vez de buscar ideas innovadoras que catapulten positivamente la Liga
Nacional de Baloncesto.

Desde este pequeño
cubículo de la verdad, pienso que los directivos de la Liga, especialmente su presidente, Antonio Mir, deberán prestar mucha atención al asunto de la transparencia, pues todos recordamos al famoso
Julio Ducharme, el “empresario” venezolano que compró las acciones del equipo de los Titanes y resultó un fiasco. Desapareció bajo la sombra envuelto en un manto de dudas.

En una conferencia de prensa, el señor Roberto Modesto anunció que había adquirido todas las acciones de dicho equipo, pero ni la Fedombal ni los socios de la LNB informaron detalladamente los acuerdos.

El Nacional

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