¿Ha fracasado el deporte?
Si nos acogemos a las permanentes disputas que han sostenido el ministerio de Deportes y el Comité Olímpico Dominicano (COD) sobre aspectos medulares del deporte: algunos tratados públicamente y otros “debajo de la mesa”, llegaríamos de una manera precipitada a la errónea conclusión de que hemos fracasado en materia deportiva.
Si partimos del hecho innegable de que este es uno de los pocos países donde los presidentes de federaciones se mantienen anquilosados por 20 y 25 años en las posiciones, evitando un relevo generacional, también podríamos pensar que hemos fracasado. Pero más aún, si observamos que han pasado casi cuatro años sin que nuestras autoridades deportivas hayan podido socializar un proyecto con objetivos comunes, podríamos fácilmente ser abanderados de que hemos fracasado.
Sin embargo, si visitamos el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, es notorio el esmero con que el ministro Jaime David Fernández Mirabal ha cuidado el área verde, imponiendo un régimen de disciplina y limpieza como nunca antes, es observable también, que todas las instalaciones están repletas de entusiastas atletas y de personas que practican cualquier disciplina en busca de la salud.
Igual pasaría si visitamos las instalaciones del Club Mauricio Báez, Los Prados, Los Cachorros de Cristo Rey y otras organizaciones deportivas del país. Entonces, la conclusión correcta es que el deporte no ha fracasado en la República Dominicana, sino una parte de la dirigencia deportiva que ha guardado un imperdonable silencio al no denunciar los males que podrían ser corregidos para el bienestar del deporte nacional.
Y yo me pregunto: ¿Cuál es el miedo en denunciar los males del deporte? Desde que Trujillo cayó de bruces aquel glorioso martes del 30 de mayo del 1961, el miedo se encerró bajo llaves en la misma Urna que el poeta romántico inglés John Keats definió como verdad y belleza.
Hay que repetirlo, nuestra dirigencia deportiva no ha sido capaz de desmitificar a quienes intentan venderse como figuras impolutas, cuando en realidad viven económicamente del deporte. Quienes han fracasado han sido los dirigentes que no se han atrevido a solicitar políticas públicas efectivas para elevar el nivel de vida de nuestros atletas.
Al deporte nacional le ha faltado una agenda común y una dirigencia deportiva más instruida y menos improvisadora, pero el hecho de que hayamos clasificado 16 atletas a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, logrando Rossy Félix, de la Federación de Esgrima, la última hazaña, evidencia, que nuestros atletas tienen un ímpetu espartano indomable.
Pienso que el deporte dominicano requiere un glásnost y una perestroika. Entiéndase, una transparencia absoluta, y una transformación que introduzca códigos de ética reales que exijan un comportamiento atado a los principios que normalizan nuestro deporte.
Albergo la esperanza de que antes que el doctor Jaime David Fernández Mirabal termine su período, el cual analizaremos en otras entregas, le explique al país, cuales son sus profundas convicciones sobre nuestro movimiento deportivo nacional. Esperamos que en su “carta de despedida” rompa el silencio y promueva un gran debate que permita analizar las debilidades del deporte y cómo podríamos enderezar entuertos.

