En 1998, su vehículo era una Montero en muy malas condiciones. En aquel tiempo se vio incluso en la lastimosa disyuntiva de pedir dinero prestado para pagar la colegiatura de sus hijos.
Como profesional, no puede presentar una sola realización que justifique el sospechoso bienestar económico que hoy exhibe.
Su inmadurez es tan risible, que en todas partes se vanagloria de las novias que tiene y de sus posesiones, adquiridas todas, absolutamente todas en el curso de los 5 últimos años.
Se trata de un individuo sin carrera política ni talento, pero que apostó a la administración pública y ganó.
En efecto, desde que el PLD retomó el Poder, empezó a sortear discretamente los apuros financieros que le pisaban los talones. Saldó sus deudas, cambió de vehículo, se mudó de residencia y hasta se hizo de una de La Romana. Pero de buenas a primeras, en uno de esos remeneos de mata del presidente Fernández, el funcionario rompió fuente.
Sin vergüenza ni comedimiento, empezó a restregarles a amigos y a extraños su flamante fortuna, en tanto que la abultada declaración jurada de bienes presentada con motivo de su juramentación, resultó insuficiente para englobar su patrimonio sin acta de nacimiento.
La encuesta Gallup-Hoy publicada esta semana, reveló que más de la mitad de la población percibe que los niveles de corrupción se están incrementando progresivamente, y como muchos otros, he empezado a creer que de seguir así, de no revertirse este evidente y patético deterioro moral que se observa, el día menos pensado el pueblo se agenciará los medios para producir los cambios que las autoridades no nos ofrecen.
