Opinión

Sobre los emigrantes

Sobre los emigrantes

El odio es un cáncer que se va extendiendo y late de manera secreta hasta que es muy tarde. El odio se combate con el amor, pero a veces quienes lo practican están tan maltratados por la ira que no hay nada que hacer, excepto preservar la sociedad con claridad y disciplina.

Jugar con el odio en las sociedades es peligrosísimo, porque cuando ese odio no se canaliza tiende a expresarse con los más inmediatos. Por eso en el país han aumentado los feminicidios, y la criminalidad, como reivindicación social de los jóvenes marginados (según los sociólogos más agudos) y ahora el antihaitianismo. Otro canal para dejar salir el resentimiento social por los malos hospitales, la falta de camas, de empleo, la mala educación. Tener “cojones” implicaría orientar esa ira a los responsables de la situación: nuestros gobernantes, pero es más fácil canalizarlo hacia el mas próximo y generalmente indefenso, porque de cobardes está lleno el reino de la tierra.

Durante once años capacitamos en Cancillería al personal en el exterior para que atendieran a los emigrantes dominicanos, los cuales no se atrevían a llegar hasta los consulados y embajadas, (ocupados por gente profesional de clase media o aspirante a ella, muchos llenos de prejuicios de clase) porque temían ser discriminados por pobres, negros y “feos”. Los consulados y embajadas son la Patria a el exterior decíamos, e insistíamos en que el personal se presentara a las Comisarias para que la policía supiera que los dominicanos si tenían quienes los defendieran, así como en los medios de comunicación y las iglesias, con el fin de crear redes de apoyo para nuestra gente en Europa, Norte, Centro y Sur América.

Es por eso que nos enfurecimos cuando Rei Guevara tuvo la insólita idea de dejar sin nacionalidad a medio millón de dominico haitianos que nunca han visitado Haití, no saben creole y no tienen con el hermano país ningún lazo; dejándolos como muertos civiles, es decir sin derecho a la escolaridad, a trabajar, y a moverse libremente en el país donde nacieron, justamente ahora cuando es más difícil que nunca defender a nuestra gente en el exterior, donde irónicamente se nos considera como “los haitianos del mundo”.

Para el cáncer hay un remedio. Según los misioneros en el Amazonas es un brebaje hecho con dos pencas de sábila, diez limones, una botella de miel orgánica y un trago de ron, que se debe tomar en vasitos por las mañanas.

Para el odio también lo hay. Es preguntarse frente a un inmigrante, de donde sea, ¿si mis hijos estuvieran muriéndose de hambre, o enfermedades prevenibles, yo no haría lo mismo que él o que ella?
Al fratricidio lo detiene la compasión y de compasión si está hecho el reino de este mundo y el otro.

El Nacional

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