Qué sorpresa el mundo mundial acaba de descubrir que los gobiernos espían! Y van dos. Ahora es Edward Snowden. Antes fue el soldado y con el soldado llegó Wikeleaks y su protagonista intermediario Julian Assange.
Y se arma el primer rebú. Snowden se asila en la zona de tránsito del aeropuerto de Moscú, mientras el presidente de Bolivia Evo Morales es obligado a detener su avión presidencial por la prohibición de volar en algunos territorios europeos con la sospecha de que Snowden estuviera acompañando a Don Evo.
Y se arma el segundo rebú.. La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) expreso su profundo rechazo e indignación por el retiro sorpresivo de los permisos de sobrevuelo y aterrizaje al avión en el que viajaba el presidente de Bolivia Evo Morales y ha demandado el esclarecimiento de los hechos y las explicaciones a que hubiere lugar. MERCOSUR dice que es un acto insólito, inamistoso y hostil que viola los derechos humanos y afecta la libertad de tránsito, desplazamiento e inmunidad que goza todo jefe de Estado.
En la Organización de Estados Americanos (OEA) los países miembros del organismo «condenan las actuaciones que son claramente violatorias de normas y principios básicos del derecho internacional, como la inviolabilidad de los jefes de Estado».
Dice Rafael Correa o nos graduamos de colonias o reivindicamos nuestra independencia, soberanía y dignidad. ¡Todos somos Bolivia!. Por supuesto Cristina no se puede quedar fuera del espectáculo y dice definitivamente están todos locos.
Ahora es asunto de sacar a Snowden del aeropuerto de Moscú.
Y se arma el tercer rebú. Mientras Venezuela, Bolivia y Nicaragua le ofrecen acogida, Snowden solicita formalmente asilo a las autoridades rusas y Vladimir Putin dice llegó sin invitación y no somos su destino.
¡Y llegó el chapulín! Wikileaks arma la estrategia. Le llama el vuelo de la libertad y consiste en acompañar a Snowden para convertirlos en escudos humanos. Por supuesto, esos acompañantes deberán ser de relevancia mundial. Ya el actor John Cussack ha confirmado su presencia.
Y por supuesto el rebú mediático no podía faltar.
