Madrid, (EFE).- Sólo los dedos de Paquito Hechavarría saben el secreto de su dueño para hechizar al piano y sublimar ese sonido tan especial que los cubanos llaman tumbao».
A lo mejor, bromea en una entrevista con Efe, tiene que ver con que es un músico jazzista, rumbero, sonero, danzonero y jodedor» pero también un hombre serio que se botó a Miami en 1962.
El jazz es una música negra pero habemos unos cuantos blanquitos que tocamos un poco, presume risueño Hechavarría (Cárdenas, 1939), con motivo del lanzamiento en España de su último disco, Frankly, una ofrenda a su admirado Frank -Sinatra, of course»-.
Este prodigio dotado de un perfecto tono, que ocupó la banqueta del piano al lado de los míticos Senén Suárez, el Conjunto Casino y la Orquesta Riverside cuando sólo era un adolescente, allá por la Edad Dorada de la música cubana, está pero que bien satisfecho del disco, el mejor de su carrera, grabado cuando lleva ya 47 años de exilio a la espalda.
El que está considerado uno de los más grandes pianistas cubanos, trabajó en los principales cabaret de La Habana, abandonó el país -con un tú ya sabes esquiva el por qué- y comenzó una nueva vida en Miami, donde tocó durante diez años acompañando a Sinatra o Sammy Davis, entre otros.
Frankly, describe Hechavarría es un hermanamiento de los grandes estándares americanos que llevaron a Sinatra al éxito, léase Irving Berlin, Cole Porter, Richard Rodgers, Cy Coleman o Bart Horward, con el cancionero popular -el American Songbook- sazonados con poliritmos cubanos.
Change partners, I love Paris, The lady is a tramp, Fly me to the moon, All of me, Sweet Lorraine, Oh you crazy moon, I’ve got the world on a string, Love is a many splendored thing, Just in time, Witchcraft y I’m gonna sit right down and write myself a letter tejen su cautelosa elección de los temas del cantante norteamericano que no mueren nunca, del tiempo de cuando Sinatra era Sinatra».
Este disco delicioso se grabó en The Studio de Nueva York en diciembre de 2007 y acaba de salir de la factoría de Fernando Trueba Calle 54 Records, producido por él y Nat Chediak, con músicos de la talla de Andy González (contrabajo), Danis Prieto (batería), Pedro Martínez (percusión), Phil Woods (saxo alto), Brian Lynch (trompeta) e Ileana Santamaria (coros).
Cuando Nat, que es ‘fanático’ mío y siempre me ha usado para todo, me dijo que quería hacer este disco pensé que estaba bromeando pero ahora estoy muy orgulloso porque me parece que es lo mejor que he hecho, no sólo por lo mío sino porque la gente que ha colaborado es increíble, de primera, explica.
Desde la autoridad que le dan su experiencia y sus años asegura que es difícil que se repita otro Sinatra u otro Sammy Davis y por eso también le parece complicado que en Cuba, donde siempre están saliendo buenos músicos, se reproduzca una generación como la suya.
A veces hay cosas que no suceden por segunda vez, dice con algo de inmodestia pero también de pesadumbre Hechavarría -la ‘h’ -precisa- se la puso mi papá para despistar a la marina cubana y que le dejaran alistarse, pero es un apellido bien vasquito»-.
No tiene claro si los cubanos exiliados en Estados Unidos han cambiado el color del jazz americano- puede que sí, que se vaya poniendo de otro color, pero hay un género como el reageton o la bachata que a mi no me gusta. A quien le guste, buena suerte pero el jazz de verdad seguirá siendo jazz».

