El atentado frustrado del nigeriano en Lagos, Detroit, desató duras críticas de la oposición republicada, que insiste en acusar a la administración del presidente Barack Obama de incapaz para proteger adecuadamente a los EEUU de amenazas terroristas.
Acorralado por las evidencias de que la CIA disponía de suficiente información para evitar, con toda probabilidad, que Abdulmutallab subiese al avión de Norhwest Airlines cargado de material explosivo, Obama se vio obligado a admitir el fallo de los organismos de inteligencia que, a su juicio, pudo haber tenido consecuencias potencialmente catastróficas.
Lo más interesante, sin duda, son las previsibles secuelas; aunque todavía la Secretaria de Seguridad Nacional ni el Director de la CIA han sido destituidos, es probable que ese día llegue pronto, sobre todo si los republicanos insisten en presionar a la administración demócrata.
No hace mucho que el Cardenal expresó que nuestras instituciones castrenses estaban permeadas por el narcotráfico, crimen cuya escalada preocupa a la población. Lamentablemente, estas declaraciones no produjeron ningún efecto, lo que obliga a preguntarse por qué Miguel Vargas, presidente del principal partido opositor, no las respaldó. Más aún, ¿por qué no le exige al mandatario, como hizo John Boehner, líder de los republicanos en la Cámara de Representantes, que ante la participación de policías y militares en todo género de delitos, proceda a un control en todos los niveles de las FFAA? No huelga recordarles a las autoridades perredeístas que la democracia exige del contrapeso de la oposición, y que ante el debilitamiento del PRSC y su vinculación con el gobierno, el país necesita más que nunca que el partido blanco reavive sus posiciones críticas.

