Entrenadores: piedra angular para atletas en Juegos Veracruz
Quiero insistir en que los entrenadores son piedra angular para que los atletas dominicanos puedan tener una representación exitosa en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, de Veracruz, México.
Hay que comprender que se deben unir muchas piezas para armar el ajedrez que nos ofrezca una estructura competitiva y ganadora.
Y los técnicos son claves en la actualidad.
En el mundo triunfan los que tienen conocimientos y el deporte no está al margen de esa realidad.
Claro, hay excepciones.
No basta que los atletas tengan el talento para salir triunfantes.
Siempre van a tener que contar con la asesoría y la experiencia de sus entrenadores.
Por ejemplo, en el atletismo, el técnico enseña a un velocista a salir correctamente y eso puede darle la victoria.
En las carreras de 100 metros se gana por fracciones de centésimas de segundos.
Y ahí es donde el entrenador juega un papel preponderante.
También podría señalar el caso de los atletas de taekwondo, quienes cuando con un golpe se decide el triunfo, hay que utilizar la mejor técnica para vencer al contrario y ganar una medalla.
Ser como un Papá
Los entrenadores tienen que ser en estos momentos como un padre para los atletas.
Deben saber a la hora que van a la cama, qué están haciendo en su vida personal.
Tienen que mantener una comunicación constante para establecer las razones del porqué están alegres o se encuentran deprimidos.
Esas son fórmulas modernas y que no se ven, pero resultan determinantes a la hora de una competencia de alto nivel.
Los atletas dominicanos, en muchas ocasiones, son descuidados por sus entrenadores, o no se les da seguimiento y ese factor debe ser tomado en cuenta para evitar el fracaso.
Los entrenadores son el alma de las delegaciones.
Hasta mañana, si Dios quiere, dominicanos.
El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.”
Victor Hugo
“Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás.”
John K. Galbrait

