In memóriam dos fundadores del club Mauricio Báez
Rafael Paulino (Rafaelito) y Ricardo Rojas, dos prominentes fundadores del club Mauricio Báez, fallecieron recientemente.
La familia mauriciana ha sentido profundamente la partida de estos dos formidables seres humanos que hicieron mucho por la entidad enclavada en la barriada de Villa Juana.
Desde 1963 Rafael Paulino y Ricardo Rojas se entregaron en cuerpo y alma a defender las luchas que libraban los mauricianos en defensa de la soberania nacional, en pro del deporte y la cultura.
Rafaelito y Ricardo fueron dos buenos amigos que hoy recordamos pensando en aquellos tiempos difíciles para poder sobrevivir.
Rafael Paulino
Rafael Paulino es un orgullo para la sociedad dominicana y en particular para el club Mauricio Báez.
Paulino fue administrador de la Fábrica de Sacos y Cordelería (Fásaco) y de la Fábrica de Baterías, bajo la dirección de CORDE.
También laboró en otras entidades gubernamentales.
Recuerdo que al salir para Estados Unidos, lo hizo con las manos vacías.
Es una clara demostración de su honestidad en esas instituciones donde prestó servicio.
Rafael Paulino enseñó a los mauricianos esa misma honestidad y siempre estaba atento a cada paso de los dirigentes, atletas y amigos de la organización deportiva y cultural.
Con honores
Paulino se graduó con honores en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Nunca olvidaré los grandes elogios de los profesores de ese tiempo, pues supo combinar su lucha política con los estudios y se graduó con méritos.
Estaba integrado al Partido Revolucionario Dominicano y sus compañeros siempre lo respetaron y destacaron su esfuerzo por un mejor país en que reinara la justicia social y los pobres mejoraran su calidad de vida.
Rafaelito falleció de un infarto en Bridgeport, Connecticut.
Impartió docencia y era muy apreciado por los estudiantes, a pesar de su rectitud.
Sus familiares deben sentirse orgullosos de haber formado y tener un ser un humano con dotes especiales.
Paulino formó parte de los que propugnaron por llevar la cultura a la familia mauriciana.
Rafael Paulino era más que un hermano del profesor Nelly Manuel Doñé y ambos forjaron una amistad que nunca tuvo dobleces.
Ricardo Rojas
Nos sorprendió el fallecimiento de nuestro inolvidable amigo Ricardo Rojas, cuando me llamaron por el celular para darme la dolorosa información de que había partido otro maurciano, fundador de la organización de Villa Juana.
A pesar de que Ricardo tenía meses en cama, siempre mantuvimos la esperanza de que habría una recuperación.
La salud de Rojas (El Gordo) fue deteriorándose poco a poco.
Su esposa Ramona se fajó como una campeona y luchó hasta el final para que Ricardo pudiera mantenerse vivo.
No pudo, pero debe estar conforme, pues nunca lo abandonó ni se entregó.
Ella recordaba los momentos de alegría con Ricardo y por eso dejó todo en procura de que su esposo pudiera recobrar la salud.
Baloncesto
Ricardo jugó baloncesto en las categorías menores del club Mauricio Báez.
También fue árbitro.
Algo para la historia, cuando se escriban los grandes acontecimientos del club Mauricio Báez, es que Ricardo Rojas comandaba una brigada de los que hacían las zanjas para la construcción del polideportivo de los mauricianos.
Eran varias brigadas dirigidas por el profesor Nelly Manuel Doñé, la otra por el periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro, el ingeniero Diandino Peña, Rafael Reyes Jerez, El Pay Blanco Peña, Julio Pozo (Yuyo) y su hermano Rafael Pozo (Nabo), Leonel Carrasco, Chiqui Heredia, el profesor Danilo Aquino y el “Marchante” que suscribe, entre otros colaboradores que lograron ver su sueño hecho realidad.
Ricardo también orientaba a los muchachos del Mauricio Báez para que fueran buenos estudiantes, excelentes hijos, respetuosos con sus vecinos y las personas mayores.
Profesional
Ricardo Rojas era agrónomo. Y sus colegas lo catalogaban como un excelente profesional en su área, que nunca pensó en el descanso.
Llegó a la Secretaría de Agricultura en 1973 y concluyó sus labores allí en el 2007.
Luego pasó al Instituto Agrario Dominicano (IAD), donde también brindó su sapiencia y trabajó sin horario. Asistí a su velatorio y entierro.
Allí me encontré con varios agrónomos que me contaron anécdotas de como se fajaba Ricardo Rojas en sus campos para ayudar a los campesinos.
También trabajó en Prosena. Ricardo era un enamorado del club Mauricio Báez.
Bailaba, gozaba, se divertía y hasta se tomaba sus traguitos de ron cuando el Mauricio Báez ganaba esos partidazos en el baloncesto superior en la década del 80.
Jamás olvidaré cuando Ricardo me abrazó en el momento que el Mauricio Báez se proclamó campeón en 1984.
No quería soltarme y me decía: “Leo, somos campeones. Leo, somos campeones”.
Por poco lloro de la emoción, ya que fueron momentos históricos
e imborrables para el club Mauricio Báez.
Ricardo murió pobre, pero con la frente en alto.
Nunca cogió lo que no era suyo.
Ricardo Rojas fue honrado, al igual que su amigo Rafael Paulino.
En el cementerio me llegaron a la mente los momentos gloriosos y las grandes jornadas que libramos juntos.
Algo que llevo en mi corazón es que Ricardo siempre fue un hombre agradecido.
Me contaba de varios amigos que lo ayudaban para que pudiera cubrir parte de sus medicamentos. Y eso tiene un valor inestimable.
En el cielo
La familia de Ricardo Rojas y Rafael Paulino deben tener conformidad, pues ellos están en el cielo con el creador.
En una charla que escuché en el Mauricio Báez, un niño le dijo a la expositora, que era una brasileña, que le tenía miedo a la muerte.
Una niñita de 9 años le respondió: “Si eres bueno. Si eres un buen hijo, si eres un buen estudiante, si eres un niño obediente, no debes temerle a la muerte”.
Por eso Rafaelito y Ricardo nos contemplan desde el cielo.
¡Adiós queridos hermanos!…¡Descansen en paz!
Hasta mañana, si Dios quiere, dominicanos.

