¿A dónde se fue la magia?
Hace unos años el que un artista difundiera que era casado o tenía compromiso amoroso significaba perder parte de la magia que envolvía entonces a las figuras del espectáculo.
Hoy eso es cosa del pasado.
Los fanáticos no reparan en ese detalle y continúan apoyando a sus artistas de manera decidida. El común de los humanos veía a sus ídolos, como eso, seres inalcanzables cuya única posibilidad de tenerlos cerca era a través de la pantalla chica o la grande.
Hoy eso ha cambiado. La globalización, bendita palabrita que ha salvado a algunos y jorobado a muchos, ha sido responsable de la facilidad con que usted se puede encontrar con una de esas grandes estrellas que antes sólo eran posibles en televisión, cine, revistas, periódicos o postal.
Es así como un cinéfilo dominicano que sale de una sala de cine luego de ver El extraño caso de Benjamín Button, decide caminar por la Zona Colonial de Santo Domingo y de pronto coincide con Brad Pitt en una tienda de venta de juguetes. La globalización, el internet como mecanismo de la misma, al igual que otras herramientas modernas, juegan un papel preponderante para que esa magia haya desaparecido del entorno de las estrellas de hoy.
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