Nació como todos los bebés con 300 huesos, pero ya de adulto su esqueleto estaba formado por los 206 que hacen a una persona normal. Tenía unos 650 músculos esqueléticos, o sea los mismos que usted y yo.
Su cerebro estaba compuesto por millones de neuronas trabajando en conjunto para darle la capacidad de razonar entre la ética, la moral y la corrupción. También para experimentar sentimientos y comprender la sociedad y a sus semejantes.
De modo que nuestro patricio era un ser humano común y corriente que ejerció la política con dignidad y honradez como profesión, sin necesidad de venir de Suiza ni de otro planeta.
Con la enseñanza de Duarte desaparece el mito de que los dominicanos somos corruptos por naturaleza, que el ejercicio de la política es un negocio que no se puede frenar; todos esto es falso y se puede demostrar si todos los políticos deciden de manera unánime convertirse en Duarte por un día.
¿Qué impide a los políticos imitar el comportamiento de Duarte, partiendo de que todos somos humanos?
Convertirse por sólo 24 horas en seres humanos honestos, desprendidos, solidarios, patriotas y nacionalistas. Esa sería una buena señal para la sociedad, que quizás sirva de motivación para que todos los dominicanos tratemos de emular la conducta del patricio por ese período de tiempo.
Ahora, no confundan los sentimientos nacionalistas de Duarte con la conducta antihaitiana de muchos malos dominicanos. Duarte no era anti-nada, sólo aspiraba a una nación independiente de cualquier otro país extranjero, sin importar el nombre que éste tuviera.
El Duarte que queremos que viva en el corazón de cada dominicana, por supuesto que en los políticos con más énfasis, es el Duarte transparente, honesto, pulcro y nacionalista, que prefirió morir en la pobreza que antes que robarse el dinero de la gente.
El Duarte que nunca propició un Estado para hacer negocio ni fortuna.

