Opinión

Trayvon  Martin

Trayvon  Martin

Los últimos titulares sobre las protestas masivas en Estados Unidos por el descargo del asesino del  joven negro de 17 años Trayvon Martin, cuando se dirigía a encontrarse con su padre,   de visita en lo que aparenta un barrio equivocado, ha provocado en mi todo tipo de  reflexiones.

Lamentablemente, lo que más han reseñado los medios,  es la nacionalidad medio peruana del asesino: George Zimmerman, intentando convertir un simple acto de claro racismo en un conflicto entre negros e hispanos.

Me inclino a creer que Zimmerman es un racista, algo posteriormente comprobado por los comentarios de sus primas, quienes además le acusan de acoso sexual, por la clara ostentación que según ellas hace la madre de su racismo, aun frente al presidente Obama.

Y me inclino a creerlo por mis propias experiencias en Lima, cuando me hospedaba en la casa de una aristócrata argentina que vivía en el barrio más exclusivo de esa ciudad, en su calidad de representante del  PNUD.  Recuerdo que después de una semana de saludar con cortesía a todo el mundo sin obtener ningún tipo de respuesta le pregunté si tenía problemas con sus vecinos y me dijo:  Sí, ellos dicen que si yo trabajo debo pertenecer a la clase media.

Estas reflexiones me atrapan en medio de la lectura de la biografía de Francisco de Miranda, prócer  venezolano de la independencia americana, cuyas reflexiones producto de su primera visita a los Estados Unidos, el 9 de junio de 1783,  tienen una vigencia que asombra.  De esas reflexiones reproduzco las que tienen que ver con su sistema legislativo:

“En un país emancipado no solo los hombres son más felices, …asimismo el espíritu creador encuentra allí el terreno apropiado para desarrollarse, la sociedad deviene justa y el país en su conjunto florece.  Sin embargo, un gran peligro reside el  corazón mismo de esa sociedad tan perfecta.  Si consideramos que toda la influencia está dada por su Constitución a la propiedad, los miembros principales no deben ser en consecuencia los más sabios, ni los senadores y miembros de la Asamblea (Diputados) otra cosa que gentes destituidas de principios y educación, lo cual degrada la dignidad propia de las Asambleas y los Tribunales”.

Tal hecho no aseguraba, según Miranda, que las leyes promulgadas fueran a este respecto las mas convenientes para el conjunto de la sociedad”, sobretodo, acoto, para los destituidos.

Si a esto añadimos que las seis mujeres elegidas como jurado solo tenían como aval la cultura local de la Florida, con todas sus limitaciones, era lógico esperar su veredicto.  Por suerte los manifestantes blancos y negros de cien ciudades norteamericanas están devolviéndole a ese país la reputación que estas barbaridades  empañan.

El Nacional

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