Opinión

Trina y Robertico

Trina y Robertico

La sensible partida a las regiones etéreas de la grandiosa dama, doctora Trina Urbáez viuda Blandino, y a los pocos días, la de su adorado hijo, doctor Roberto Blandino Urbáez, cariñosamente Robertico, enlutece no solo a sus demás hijos, Arelys, Mercedita y Pedrito, a toda su respetable familia, sino a San Cristóbal, a la nación y a la sociedad Dominicana.

Trina fue un dechado de virtudes, dueña de admirable personalidad, así una gloria Nacional, quien con sus diáfanas acciones enalteció a nuestro pueblo.

Fuimos amigos y hermanos espirituales. Frecuentemente la visitaba y conversábamos telefónicamente, tratando diversos temas. Siempre llenos de fe en el creador Universal.

Muy afligido, me hablaba de preocupaciones y lamentaciones en el velatorio de su cariñoso hermano. Por eso le dije también a su queridísimo hijo Pedrito que muchas cosas que conversábamos llevaré a mi tumba. Pedrito y yo conversábamos en el velatorio de su hermano Robertico y le aconseje varias cosas. Él es un joven de firmes ideas, y le hablé de paz, entre otros temas.

El entrañable Robertico prosiguió, los ejemplos de su progenitora, eligiendo la carrera de la diplomacia, graduándose con honores en ciencias políticas y etiquetas, así, doctor en Derecho. Su tío, don Guaroa Urbáez y quien esto escribe, podemos servir de equilibrio frente Arelys, Pedrito y Mercedita, así el doctor Pedro Blandino.

La vida de Robertico fue exitosa, triunfante, Laborando con eficaz y honradez, como embajador y director del protocolo de varios Presidentes de la República, hasta la hora de su increíble deceso, aunque experimentó días y meses cual santuario enternecido y silencioso.

A su velatorio asistieron cientos y cientos de personas, y así la honrosa presencia del licenciado Danilo Medina, presidente constitucional de la República, ofreciendo sus sentidas condolencias a hermanos y familiares del gran Robertico.

En esta conjunción  de sentimientos, pensamos que Trina y Robertico ya están en la morada celestial de Jesús, y que tal vez, en el lenguaje de la religiosidad, divinidad y espiritualidad, estén juntos, y Trina al verlo llegar vestido de blanco, pudiese decirle: “Entrañable hijo Robertico, volvimos a juntarnos y este respondería:“¡Madre mía, Madre mía, aquí estoy a tus pies!

La doctora Trina Urbáez  viuda Blandino, lleva puesta al bajar de la tierra y subir al cielo, la corona de la inmortalidad, del honor, el deber, el amor, la nobleza de la pulcritud de su existencia, el reconocimiento supremo de San Cristóbal y el país. Y yo, un navegante de  mares infinitos, postulo que en Trina también se pueden enmarcar las frases lapidarias de la Heroína María Trinidad Sánchez, quien antes de llegar al cadalso, cuando pidió a familiares y amigos lo siguiente: “quiero que al morir cubran mi cuerpo, para que los hombres no puedan ver, mis piernas de mujer”.

Insigne comadre Trina, Robertico del alma, como brillan las estrellas cuando se va la luna, ¡Es enorme el dolor de la distancia! Adiós, adiós

El Nacional

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