Opinión

Un balance penoso

Un balance penoso

La triste noticia de que durante el feriado de Semana Santa hubo 57 muertos en accidentes de tránsito, riñas, ahogamientos e intoxicaciones alcohólicas bien merece una  profunda reflexión, porque es una muestra de que es muy poco lo que hemos aprendido en materia de comportamiento.

Hace tres semanas, decíamos  que “la Semana Santa, que conmemora la crucifixión y resurrección de Jesucristo, es utilizada por grandes mayorías como un período de bacanales, cuando las playas y sitios de diversión son atiborrados por multitudes que se sumergen en los vicios y los placeres mundanos”.

Nada más cierto, pues es significativo que a pesar de la crisis que nos golpea a todos, las autoridades hayan calculado que 1.8 millones de dominicanos abandonaron las ciudades para ir a playas y balnearios, aunque entre ellos hubo quienes lo hicieron sólo para visitar sus familiares.

La liberalización oficial de controles para la venta de bebidas alcohólicas durante la Semana Mayor tuvo un resultado negativo, pues las estadísticas dan cuenta de que en el 70% de los accidentados se  estableció la presencia de alcohol.

En nuestro artículo  La Cuaresma, decíamos que “todos deberíamos trazarnos la meta de que al término de la Semana Santa, los medios de comunicación no nos traigan tantas noticias tristes, derivadas de accidentes de tránsito, intoxicaciones alcohólicas, ahogados, riñas y desórdenes que se producen tradicionalmente por ese desenfreno”.

Sin embargo, no ocurrió así, lo que demuestra que falta  educación ciudadana en cuanto se refiere a respetar las leyes y, sobre todo, guardar con recogimiento los días dedicados a glorificar a Dios.

Creo que la situación  merece un estudio por los analistas de la conducta, para que determinen cuáles serían las medidas para evitar desgracias, pues las autoridades y los medios de comunicación cumplieron con su parte. Hubo esfuerzos extraordinarios. Especial mención merece la emisora Z-101, que con su extraordinario personal humano trabajó  para mantener informados a los ciudadanos de lo que ocurría en la Semana Santa, con recomendaciones puntuales para preservar vidas.

Uno queda con interrogantes, Por ejemplo, muchos conductores que violan la luz roja  o arrojan basura, no hacen lo mismo cuando viajan a Europa o  Estados Unidos, porque allí les aplican la Ley, sin contemplaciones. Las tarjetitas de altos rangos no sirven para evadir el cumplimiento de la Ley.

En vista de que mucha gente no se lleva de las exhortaciones para que guarden respeto  a las leyes, como  a las festividades religiosas, no queda más remedio que abogar por un endurecimiento de las sanciones para todos aquellos que pongan en peligro las vidas de los demás y las suyas propias.

Eso me recuerda a una maestra que, durante las clases de alfabetización en San Francisco de Macorís, preguntaba con mucha ternura el nombre de alguna letra. Si uno se equivocaba, le daba con una regla  hasta que aparecía la respuesta correcta. Los francomacorisanos de mi generación saben a cuál educadora me refiero.

Más claro de ahí, ni el agua cristalina.

El Nacional

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