Página Dos

Un día sin Papa

Un día sin Papa

Tras la formal despedida de Benedicto XVI, el mundo ha vuelto a amanecer sin Papa. Con la salvedad de que, a diferencia de otros tiempos, la ausencia del Pontífice no ha planteado un vacío de poder ni una crisis en la Iglesia católica. Si la renuncia de Su Santidad ha marcado un precedente en los últimos siete siglos, lo mismo puede decirse de la falta de expectativa para escoger su sustituto. Apenas se especula en ese sentido.

 Al despedirse Benedicto XVI confesó que en sus ocho años de papado vivió días agitados, lo cual no es para menos con los escándalos de pederastia, las filtraciones de documentos y las acusaciones de blanqueo de capitales del banco del Vaticano.

Tras señalar que era consciente de la gravedad y novedad de su renuncia, Benedicto XVI, descrito como un hombre sin ambiciones, animó a los fiales a confiar en una Iglesia “viva”, que Dios “no dejará hundirse”. El mensaje lo reafirma como un hombre de fe, aunque no pudiera con los escándalos.

El Nacional

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