Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no vacilo un instante en señalar que República Dominicana será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera, sin políticos corruptos ni narcotraficantes burlándose de la gente que trabaja.
Siempre he dicho a mis amigos que me repugna la paz de los sepulcros, y que en el país hay que comenzar a ensayar una verdadera y duradera paz, con orden, disciplina, respeto y sin privilegios irritantes.
Llegará el momento en que la sociedad identificará, voz a cuello, a los militares, policías y políticos corruptos que apañan al narcotráfico, que de manera solapada y poco a poco viene imponiendo en terror en nuestros barrios.
Para sacar a flote esta sociedad es necesario contar con policías como el general Aquino Radhamés Reynoso Robles, necesitamos a muchos como él en los barrios de nuestros pueblos.
El país tiene que salir de oficiales que exhiben riquezas que no pueden justificar, que compiten en alahas con los narcotraficantes.
No queremos ni necesitamos policías que cobren peajes en los puntos de drogas, y en ocasiones más descaradas que los administren ellos mismos.
En los barrios todos mundo sabes quienes son los propietarios de los puntos de drogas, hay militares, también policías, y políticos que se benefician de ellos durante los períodos de campaña.
Con su acción el general Reynoso Robles ha tocado un punto sensible, que hasta podría costarle su permanencia en la Policía, pero si eso ocurre debe irse con el orgullo de haber cumplido con su rol de oficial.
Un policía honesto es aquel hombre que da su vida por otros, es aquel que lleva su uniforme con orgullo, es aquel hombre honesto y honrado, es aquel hombre que no tiene vanidad ni temores, que no sucumbe ante el consumismo de una sociedad que poco a poco se pudre.
No conozco a este oficial ni a ningún otro general, apenas hago vida social con algunos rasos, pero sé que hay muchos honesto, sólo que le ha faltado valor para pregonar a los cuatro vientos las cosas que andan mal, ignorando que el silencio es peor, porque se convierte en complicidad

