Opinión

Un presidente en celo

Un presidente en celo

El Presidente  últimamente se está comportando como se comporta un hombre celoso a quien su mujer  ha dejado para siempre. Ella se cansó de tantas mentiras, de tantos engaños y de tantos maltratos. Encontró otro hombre que le dice cosas bonitas, le manda flores, le escribe poemas y la trata con respeto. El hombre no soporta que la mujer lo abandone, y mucho menos que lo cambie por otro porque se siente disminuido como varón. Su machismo está demasiado enraizado en su ser.

Si la mujer no le hace caso, si no responde a su llamado, si no acepta la reconciliación, es capaz de cualquier cosa. Incluso de matarla.  Cree que ella es su objeto, y así la trata. Va y viene a su antojo. Llega borracho con el sol a cuestas, no respeta el hogar. Los hijos no son suyos, son de ella. ¡Los hombres no paren! Él es “el hombre de la casa”, “el pato macho”.

Los abusos fueron minando el  cariño y el respeto. Ella dejó de amarlo. Y decidió dejarlo. Prefiere la muerte a seguir con él. Ha sufrido demasiado. Durante años le ha tolerado  violaciones, golpes, hambre, desnudez, infidelidades, y un día dijo: ¡No más!

Al Presidente le pasa igual con el pueblo, que se hartó de sus infidelidades, de sus mentiras, de sus discursos rimbombantes, de los golpes, de la corrupción y la delincuencia sin solución.

Es por eso que la imagen del presidente está en el piso. Se ha convertido en  el más impopular de todos los presidentes de Centroamérica y el Caribe, seguido del presidente de facto de Honduras. Es el político peor valorado, dicen las encuestas. Todo indica que no terminará su mandato como algunos de sus colegas del hemisferio con más de un 60%. Su gobierno va de mal en peor.  

Para rescatar su popularidad –lo único que le importa-  descubre que en los barrios hay pobreza.  Que la gente se siente insatisfecha porque carece de viviendas,  escuelas, hospitales y centros de trabajo. Descubre que en los barrios la vida no vale nada, que nadie está seguro. Y va  con promesas y cuentos. ¡Nadie le cree!

El Nacional

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