Opinión

Un problema muy serio

Un problema muy serio

La desenfrenada inmigración haitiana no puede convertirse en un espectáculo circense ni en un bazar para obtener provecho político, porque ese es un tema que compromete o pone en peligro el porvenir de la República.

El debate no debería centrarse en si se produce o no una invasión pacífica de inmigrantes desde el otro lado de la isla, sino en si el Gobierno cumple o incumple con su compromiso de garantizar control fronterizo.

Tampoco debería reeditarse la infamia de que aquí se incurre en xenofobia o en conducta racista por denunciar que la inmigración ilegal aumenta en forma desordenada, porque lo que se reclama es orden y aplicación de la ley.

No se niega que la agropecuaria y la construcción requieren de mano de obra haitiana ante la negativa de dominicanos a trabajar por los bajísimos jornales que se ofrecen, pero es obligatorio que los empleadores cumplan con la ley laboral.
La Dirección de Migración ejecutó en la Línea Noroeste un operativo de repatriación de indocumentados, pero tuvo que dar marcha atrás ante la presión de productores de bananos y ganaderos que alegaron que sus plantaciones y hatos requerían de mano de obra haitiana.

La ley establece que debe emplearse una proporción de 80 a 20 al momento de contratar trabajadores dominicanos y haitianos, pero se sabe que miles de familias criollas emigran desde zonas rurales porque han sido desplazadas por inmigrantes indocumentados.

Los ayuntamientos tienen la obligación de ordenar conforme a la ley el uso de suelo en sus diferentes demarcaciones, pero las masas de inmigrantes improvisan mercados de venduteros en cualquier avenida o intersección de mucho tránsito, sin que las autoridades intervengan, con excepción de desalojos de buhoneros en Santiago y en la avenida Nicolás de Ovando, de la capital.

A Haití no le interesa ayudar a detener esa inmigración descontrolada, pero tampoco las autoridades dominicanas expresan voluntad para frenarla. El Estado y la sociedad deberían aunar esfuerzos para afrontar este drama, que no es un bazar politiquero ni un circo de demagogia, sino un problema muy serio.

El Nacional

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